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Judith (72 años) vive en su coche desde que fue desahuciada: “no lo he asimilado, cuando me levanto y me tomo el café me pongo a llorar”

La jubilada no ha podido hacer frente al pago del alquiler y a las pocas cotizaciones que ha sumado a lo largo de su vida por los empleos irregulares.

Una mujer mayor mira a la cámara con tristeza
Judith (72 años) vive en su coche desde que fue desahuciada: “no lo he asimilado, cuando me levanto y me tomo el café me pongo a llorar” |Envato
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:
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Judith, una anciana de 72 años, se ha visto obligada a abandonar su casa por el alto precio de los alquileres. Se le hizo imposible pagar un céntimo más de lo que le pedía su casero, preparó las maletas y se fue a vivir al coche. Cada mañana lo aparca al lado del cementerio de Newburyport, en Massachusetts, para poder usar el grifo en el que lavan las flores y asearse. Aunque le gusta pasar desapercibida, ha concedido una entrevista al medio WGBH donde cuenta su historia que “no es excepcional sino que representa un fenómeno que crece en Estados Unidos”.

Este no es otro que el de el aumento de mujeres mayores que caen en la “exclusión residencial”. Y es que, como cuenta ella misma, ha pasado por una vida de trabajo en la que los empleos precarios han sido lo habitual así como ciertas responsabilidades (las de cuidar a los demás) por las que no ha visto un sueldo jamás. Se quedó viuda hace 20 años y empezó a ingresar un poco de dinero trabajando como artista.

Pero lo que entraba en su cuenta corriente, salía rápido. Cada año el alquiler costaba más dinero y llegó un momento en el que no pudo pagarlo. “Al menos tengo suerte, puedo dormir en mi vehículo donde mantengo cierta dignidad”. Resalta que “cuando eres mayor, llevar esta vida no es seguro. Me gustaría tener mi propia casa”.

“No quiero vivir la vida de otra persona”

Cuando el caso de Judith salió a la luz, ella fue tajante. “No quiero vivir la vida de otra persona, de verdad, yo quiero tener mi propia vida, mi casa”. Tras meses durmiendo en su coche, ha conseguido acceder a un apartamento social. 

“Me siento cada mañana, miro a mi alrededor y lloro. Lloro de agradecimiento cuando me tomo el café”, reconoce. Aunque, al mismo tiempo, siente pena de “las demás mujeres que siguen atrapadas en el límite entre tener un hogar y de repente perderlo”.

La situación es complicada, como ha explicado a este medio Tracy Watson que es la responsable de la autoridad de vivienda local. “Estamos en una situación desesperada en la que necesitamos nuevos alojamientos, y la mayoría de los solicitantes son mujeres, personas mayores o con alguna discapacidad”.

Pensiones bajas y un mercado inmobiliario insuficiente

Igual que Judith, en el Estado de Massachusetts (EEUU), hay decenas de mujeres que tienen que vivir en las calles por no poder pagar una vivienda. Según el Instituto de Gerontología de la Universidad en Boston, el 64% de las solteras mayores de 65 años se encuentran en una situación de precariedad económica, siendo este el porcentaje más alto del país.

Esto es así por una suma de factores, entre ellos las bajas pensiones y el alto precio de la vivienda. “La estabilidad residencial se convierte en algo inalcanzable para muchas”, resalta Watson. El informe elaborado por dicho instituto resalta además que “literalmente se están quedando sin dinero, a lo que hay que añadir que la esperanza de vida es cada vez mayor por lo que el tiempo en que deben mantenerse con recursos limitados se prolonga”.

Aumenta un 37% el número de mujeres atendidas en refugios

Las organizaciones han confirmado un cambio de perfil en la población sin hogar. En los últimos 10 años, el número de mujeres mayores de 55 años atendidas en refugios se ha incrementado en un 37%, como señalan los datos recientes de Father Bill’s and MainSpring. Aunque los hombres son mayoría, el crecimiento entre las mujeres es significativo.

Los refugios cada vez deben alojar a más personas, por lo que muchas se quedan sin poder entrar y duermen en coches, cajeros automáticos o en la calle. “No queremos imaginarlo pero es la realidad”. 

Pero es que las ayudas públicas tampoco ayudan, no consiguen cubrir la demanda, aunque hay programas muy efectivos como Section8 que ayuda a conseguir una vivienda asequible pagando un porcentaje elevado del alquiler. Precisamente uno de estos fue lo que ayudó a Judith a conseguir su nueva vivienda.