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Horacio Becerra (55 años) funcionario de la Seguridad Social: “aprobar las oposiciones era sí o sí, hubo un día que estudié más de 11 horas”

En un podcast, explica que al quedarse sin empleo tuvo claro que quería estabilidad y aprobar un proceso selectivo era la única salida.

Hombre delante de un ordenador
Un hombre mayor trabajando delante de un ordenador. |Envato
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:

Horacio Becerra perdió su trabajo en el mes de marzo, cuando contaba con 55 años después de haber pasado buena parte de su vida laboral en una empresa del sector de las telecomunicaciones. Cuando se vio en paro y analizando su edad, decidió optar por la estabilidad, las buenas condiciones salariales y el crecimiento profesional y lanzarse a preparar unas oposiciones para ser funcionario de carrera. 

Así lo ha contado en el podcast ‘Lo mejor de cada casa’ conducido por Juanma Oruro. Explica, como introducción, que terminó Derecho y decidió opositar “estaba en una tesitura que era reincorporarme al mercado laboral o tomar otro camino”. Entonces recordó algo que le dijo su padre “estudiaste Derecho, saca lustre a lo que hiciste”. 

Comenzó a revisar las convocatorias de oposiciones y encontró que las de Justicia ya tenían el plazo cerrado, pero había una para administrativos de la Seguridad Social que le resultaron interesantes porque además, contaban con miles de plazas.

Nunca antes había pensado en trabajar como funcionario pero empezó a estudiar a finales de marzo y después de siete meses y medio de preparación aprobó con 57,5 puntos sobre 70 en la primera parte y 11,25 sobre 15 en el supuesto práctico.

Tenía poco tiempo para preparar el examen y el temario específico es complejo

Reconoce que tuvo poco tiempo para preparar el examen porque esperaba que se celebrase después de Navidad aunque al final la fecha fue el 30 de noviembre. Por eso, tuvo que apretar el ritmo durante los últimos meses. La primera vuelta al temario fue lenta, primero veía los vídeos y luego releía los apuntes y tomaba notas. Empezó sin saber nada sobre la Seguridad Social (pensiones, prestaciones, cotizaciones) y hasta finales de junio no consiguió pasar esta primera fase. 

Decidió tomarse un respiro y hacer durante dos semanas el Camino de Santiago pero no desconectó “en una parada que realizamos en O Porriño saqué el esquema de la Constitución y me fui a estudiar a un parque durante dos horas”. 

Aprendió a memorizar usando un código de colores rodeando en “rojo furioso” lo que consideraba que podría caer en alguno de los exámenes. Ahora, desde la distancia que da haber aprobado “miro la cantidad de apuntes que hay y pienso… esto en cinco días no te lo puedes estudiar”. Los test los preparó en dos etapas, la primera era para comprobar que realmente conocía los contenidos y durante el mes anterior al examen los completó todos con el objetivo de conocer el nivel real que tenía. “Cuando detectaba un fallo, iba a la ley para entender en qué me había equivocado”.

“Era como estar en medio del mar agarrado a una tabla”

Al principio, se puso el objetivo de estudiar cuatro horas y media por la mañana y dos más por la tarde. Empezaba a las nueve, comía, veía un rato la tele y continuaba de nuevo. El ritmo fue aumentando conforme avanzaban los meses y primero estudiaba sólo durante los días laborales y poco a poco metió el sábado en el calendario. 

En noviembre, con el examen a la vuelta de la esquina, empezó a estudiar hasta las 12 de la noche. “Un día pasé más de ocho horas, sólo veía la Ley General de la Seguridad Social por todos lados y quienes estaban conmigo pensaban que estaba alienado”. Pese a este nivel mantuvo algunos hábitos que eran sagrados para él como los partidos de pádel de los martes. Y le ayudaron su pareja y sus hijos así como “un grupo de ocho opositores con los que podía compartir mis dudas”.

Un fallo en el examen que pudo dejarle sin plaza

El día anterior al examen se quedó estudiando hasta las once de la noche, durmió poco y se levantó antes de las cinco de la mañana para repasar un poco más. Como vivía en Logroño y la prueba era en Pamplona, su pareja fue a por él para llegar con antelación, evitando sorpresas. Lo primero que hizo fue responder las 70 preguntas del test dejando el supuesto para el final, había calculado que para la primera parte necesitaba una hora y al final “empleé cinco minutos más”.

En el supuesto perdió mucho tiempo con una pregunta “que incluía un cálculo que no daba un resultado válido y perdí mucho tiempo. Cuando miré el reloj me quedaban cuatro minutos y quedaban sin responder las tres preguntas de reserva por lo que las contesté apresuradamente y me equivoqué en una”.

Al comprobar su examen con la plantilla provisional, se dio cuenta de que su puntuación en el supuesto era de 10, por lo que pasó varias semanas con la duda de si habría conseguido la plaza o no. “El día en que salían las listas estuve actualizando la página continuamente, luego, busqué mi nombre entre los aprobados”.

Ahora espera que le den una plaza cerca de donde vive, a ser posible en la TGSS (Tesorería General de la Seguridad Social) porque señala que la parte de recaudación fue una de las que más le gustó. Ha decidido seguir estudiando, preparando las oposiciones del subgrupo A2 de Gestión de la Administración de la Seguridad Social.

“Quien vaya a opositar debe preparar los exámenes con un objetivo claro y un método constante, no hay que probar en la oposición, hay que meterse en la cabeza que es necesario darlo todo. Es cuestión de constancia, de trabajar todos los días y no rendirse”.