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Jennifer, de ayuda a domicilio: “ser auxiliar no es hacer todo. No somos limpiadoras, médicas ni enfermeras. Y 900 euros no es vivir, es sobrevivir”

La trabajadora advierte de que existe mucha confusión con las funciones de las auxiliares, aclarando que no pueden cubrir todas las necesidades del familiar.

Montaje de Jennifer, auxiliar de de ayuda a domicilio, con la representación de alguien ayudando a una persona mayor
Montaje de Jennifer, auxiliar de de ayuda a domicilio, con la representación de alguien ayudando a una persona mayor |TikTok/Canva
Esperanza Murcia
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Aunque son un pilar básico del Estado de bienestar, lo mantienen desde la invisibilidad y la precariedad más absoluta. Las auxiliares de ayuda a domicilio son unas profesionales indispensables en una sociedad cada vez más envejecida, realizando una labor que va mucho más allá del cuidado asistencial. El sector sufre una infravaloración sistémica donde se ha normalizado que asuman un gran número de funciones (desde tareas de limpieza profunda hasta cuidados sanitarios complejos) que no solo se extralimitan de su formación, sino que desvirtúan su verdadera identidad profesional bajo el pretexto de la vocación.

Jennifer, auxiliar de ayuda a domicilio, es una de las profesionales que, a través de sus redes sociales (@cuidarly), intenta visibilizar esta situación. Especialmente, intenta aclarar cuál es el verdadero trabajo de estas profesionales y lo que supone ayudar. “El mayor error del servicio de ayuda a domicilio es vender que la auxiliar hace todo lo que el familiar necesite. No estamos para cubrir todas las necesidades de nadie. Somos profesionales sociosanitarias y realizamos un servicio específico dirigido únicamente a la persona usuaria según su grado de dependencia y sus patologías”, explica de forma clara.

“No somos paseadoras de perros, no somos limpiadoras, no somos fontaneras y no somos médicas ni enfermeras. Nuestro rol es muy concreto y cuando hablamos de necesidades básicas, hablamos de lo necesario para que una persona viva con dignidad. Higiene personal, movilidad, cambios posturales, alimentación, acompañamiento físico y emocional, apoyo en las actividades físicas de la vida diaria y etcétera, porque hay una gran lista. Eso es cuidado profesional”.

Sobre esto, advierte de que las auxiliares de ayuda dan un respiro familiar, pero que esto no se puede traducir en un abuso: “No significa delegar todo lo que no quiero hacer, no significa convertir a auxiliar de ayuda a domicilio en solución para todo. El servicio es para la persona usuaria y el respiro del cuidador ocurre mientras nosotras hacemos nuestro trabajo”.

“No es falta de vocación, es dignidad”

Adelantándose a posibles críticas, Jennifer aclara que defender todo lo anterior “no es falta de vocación, es profesionalidad, es criterio. Y, por supuesto, es dignidad”.

En otros vídeos, la trabajadora sigue aclarando lo que verdaderamente implica la ayuda a domicilio, ya que, la confusión repetida entre los usuarios, está haciendo que “muchas compañeras y compañeros auxiliares de ayuda a domicilio se sientan culpables por decir que no”.

“Dudan de su forma de trabajar y acaban haciendo cosas que no le corresponden y eso pesa. Si alguna vez te has sentido incómoda o incómodo o si has dudado o si te has sentido culpable, no es casualidad. Es que el rol de auxiliar de ayuda a domicilio no se está entendiendo bien”.

Jennifer reitera que “ser auxiliar de ayuda a domicilio no es hacer de todo”, aclarando que “ayudar no es perder tu rol, no es quedarte sin límites”. En esta línea, advierte que el problema es que, “cuando una profesión no se entiende, se exige mal y se acaba tratando mal. Y eso no lo podemos seguir normalizando”.

Algo que tampoco se puede normalizar es el salario, denunciando también en otro vídeo que “900 euros no es un sueldo digno”. “No es vivir, 900 euros es sobrevivir, no es vivir tranquila. Y, además, muchas de ayuda a domicilio ni siquiera llegan a eso”, concluye.

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