Llegar a los 101 años permite mirar el presente desde una perspectiva poco habitual. Maria Antonietta, una centenaria italiana que vive en Cerdeña, ha repasado algunos de sus recuerdos en una entrevista para el canal de YouTube ‘Proyecto Happiness’, dedicado a recoger testimonios sobre felicidad y formas de entender la vida. Su historia habla de escasez, trabajo y supervivencia, pero también de la relación que mantenemos hoy con el bienestar y el consumo.
Cuando le preguntan si antes se vivía mejor, Maria Antonietta responde sin idealizar las dificultades de su juventud, señalando que era “mejor con nada”, haciendo hincapié en que “nunca estamos satisfechos, si tenemos un dedo, queremos cuatro”.
La italiana reconoce que la vida actual ofrece comodidades que en su infancia eran impensables. Hoy, según señala, es posible tener agua corriente, alimentos y servicios básicos en la mayoría de las casas. Sin embargo, considera que esa abundancia también puede aumentar el deseo de conseguir siempre algo más.
Una infancia marcada por la guerra y la escasez
La experiencia de Maria Antonietta está condicionada por una época dura, ya que, durante los años de la guerra, su familia dependía del huerto para conseguir alimentos. En casa tampoco había agua corriente y tenían que desplazarse hasta el río para llenar cántaros que después tenían que llevar sobre la cabeza.
En aquel momento, elegir qué comer era prácticamente imposible. La familia comía aquello que podía producir o conseguir y no había demasiado margen para rechazar un plato porque no te gustara. Sin embargo, a pesar de ello, sostiene que sentían que “no nos faltaba de nada”.
Y aunque haya pasado el tiempo, Maria Antonietta asegura que mantiene el apetito y que no se salta ninguna comida. Come prácticamente de todo, a excepción de las patatas crudas, y sigue disfrutando del café y de un vaso de vino tinto, aunque reconoce que no sigue estas costumbres como receta para llegar a una edad avanzada. De hecho, cuando le preguntan por su secreto para superar los 100 años, responde que “trabajar”.
En este sentido, Maria Antonietta se refiere a las tareas domésticas, el cuidado de la familia, la producción de alimentos y la obligación cotidiana de solucionar problemas con muchos menos recursos de los que existen actualmente.
“No me siento vieja”
A sus 101 años, Maria Antonietta tampoco parece demasiado interesada en definirse por su edad y reconoce que sus fuerzas ya no son las mismas, pero insiste en que no se siente “vieja”.
Su forma de hablar del envejecimiento combina aceptación y sentido del humor. Admite que no le gusta mirarse demasiado en el espejo, ya que es consciente de las señales que deja más de un siglo de vida, pero considera que, teniendo en cuenta su edad, tiene pocos motivos para quejarse.
Su reflexión no significa que crea que antes todo era mejor. Maria Antonietta reconoce que hoy vivimos con muchas más comodidades y que cosas como tener agua corriente o diferentes alimentos hacen la vida más fácil. Lo que cuestiona es que tener más cosas nos haga sentir siempre más felices o satisfechos.