La DGT instala nuevos radares “invisibles” y en Francia no dan crédito

Los nuevos radares no tienen flash, controlan varios carriles a la vez y son muy fáciles de camuflar.

La DGT instala nuevos radares “invisibles” y en Francia no dan crédito |autoescuelatajo.com/AutoPlus
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La Dirección General de Tráfico (DGT) cada vez está más preparada y usa mejor tecnología para sus habituales campañas de control de velocidad. Y una de sus herramientas principales para controlar los excesos de velocidad, sin duda, son los radares. Es por eso que no ha parado de mejorarlos para hacerlos cada vez más indetectables e infalibles a los trucos de los conductores para evitarlos. El último “invento” que ya están utilizando los agentes de tráfico es su nuevo radar “invisible”, como lo han definido los franceses, que no dan crédito ante la precisión y la facilidad para ocultarse de este último artefacto de la DGT.

Los medios franceses ya los describen como dispositivos “muy difíciles de detectar a simple vista”, destacando su capacidad de camuflaje y su eficacia para sancionar sin que el conductor lo perciba. Algo que los conductores españoles sin duda ya están notando, ya que cada vez les resulta más difícil saber dónde se encuentra exactamente un radar en carretera.

Lejos de ser un simple cambio tecnológico, estos sistemas forman parte de una estrategia más amplia de vigilancia que combina movilidad, precisión y discreción para aumentar el control en carretera. Aunque ya los han probado en la última operación de tráfico de Semana Santa, ahora comenzarán a implementarlos aún más de cara al verano y las vacaciones de los españoles.

Por qué en Francia los llaman radares “invisibles”

La prensa francesa ha definido así los radares tipo Velolaser que utilizan los agentes de la Guardia Civil en España para sus controles de velocidad, especialmente los controles móviles, siendo unos dispositivos extremadamente pequeños que pueden colocarse en casi cualquier punto de la vía.

Según el análisis de medios como Auto Plus, su tamaño compacto y su facilidad para meterlos u ocultarlos en cualquier elemento de la carretera, como pueden ser los guardarraíles, las señales o hasta pegado a vehículos sin rotular, hacen que pasen desapercibidos hasta que ya han registrado la infracción.

No se trata de que sean invisibles en sentido literal, sino de que su diseño y uso dificultan enormemente su detección, incluso para conductores experimentados. Además, su movilidad reduce la eficacia de aplicaciones o avisos entre usuarios, ya que pueden cambiar de ubicación constantemente.

Cómo son los nuevos radares de la DGT

La DGT ha reforzado este sistema con una nueva generación de radares móviles, en los que ha invertido más de un millón de euros.

Estos dispositivos destacan por varias características clave:

  • Funcionamiento sin flash, lo que evita que el conductor detecte el momento exacto de la sanción
  • Tecnología láser (Lidar) capaz de medir velocidades a más de 1.000 metros
  • Capacidad para controlar varios carriles y vehículos al mismo tiempo
  • Uso en coches camuflados o como radares de tramo móviles
  • Registro continuo incluso de noche o a alta velocidad (hasta 300 km/h)

Además, algunos modelos incorporan sistemas de autocalibración, lo que permite desplegarlos rápidamente sin necesidad de ajustes manuales.

Más pequeños, más móviles y más difíciles de evitar

Una de las claves de estos radares es su tamaño ultracompacto. Pueden instalarse sobre trípodes, en barreras laterales o incluso ocultos en elementos cotidianos de la carretera.

Esta versatilidad permite a la DGT utilizarlos en puntos donde antes era más complicado realizar controles, como largas rectas o tramos donde los conductores tienden a relajarse.

A esto se suma su capacidad de captura: pueden registrar varios vehículos por segundo con imágenes de alta definición, lo que agiliza la tramitación de sanciones.

Una estrategia basada en hacer imprevisible el control

Más allá de los dispositivos concretos, el verdadero cambio está en el modelo de vigilancia. La DGT combina ahora radares fijos, de tramo, móviles e incluso drones, creando una red de control mucho más difícil de anticipar. Eso por no hablar del famoso “Pegasus”, el helicóptero que recorre las carreteras de España desde el cielo en busca de infracciones.

De hecho, el organismo ya ha desplegado decenas de nuevos radares en distintas comunidades y continúa ampliando los puntos de control en toda España.

El objetivo es claro: evitar el llamado “efecto frenazo”, es decir, que los conductores solo reduzcan la velocidad en puntos concretos donde saben que hay radar.

Más control… y más sanciones

Este refuerzo coincide con un aumento en la recaudación por multas de tráfico en los últimos años, lo que demuestra la eficacia de estos sistemas.

La combinación de tecnología avanzada, movilidad y discreción convierte a estos radares en una de las herramientas más potentes de la DGT para combatir el exceso de velocidad.

En palabras de algunos analistas, más que “invisibles”, estos dispositivos son cada vez más “ubicuos”: pueden estar en cualquier parte y en cualquier momento.

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