Emilia Tarifa es madre de 8 hijos y una mujer comprometida con los derechos de las familias numerosas. Hasta tal punto que ha sido presidenta de la Federación de Familias Numerosas, desde donde alerta de la necesidad de medidas que ayuden a la conciliación, ya que “lo difícil no es ser madre, es que el sistema no acompaña”.
En una entrevista para ‘Mi bebé y yo’, explica que ahora sus hijos, que son adultos, le preguntan: “¿Cómo lo hacías con ocho si yo ya no puedo con dos?” Y la respuesta es sencilla. Ser madre de familia numerosa siempre ha sido complicado, pero cuando no existen apoyos, los problemas se multiplican.
El primero de sus hijos llegó sin buscarlo y luego “fueron viniendo los demás”. Cuando nació el tercero, ella tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida. “No me arrepiento de dejar mi trabajo, fue una decisión consciente. Sentí que cuidar de mis hijos era lo más importante en ese momento de mi vida”. Y, claro, con un empleo menos ahora entraba sólo un sueldo en la casa.
Años más tarde, ella regresaría al mercado laboral como trabajadora autónoma, con horarios y funciones que podía compaginar con sus obligaciones familiares.
Un sueldo en casa para alimentar a ocho niños
Los años de infancia de sus hijos fueron una carrera de fondo para ella y su marido. No contaban con ayuda externa, y desde que dejó su empleo sólo entraba un sueldo en casa. Con ese dinero y los ahorros tenían que alimentar y pagar los gastos de sus ocho hijos.
Consiguió que la organización de las tareas del hogar encajasen como las piezas de un puzzle y cuando le piden consejos, explica que “no hay una guía para esto, cada hijo es diferente, cada etapa es un reto pero también sirve para formarte”. Los días eran largos y aprendió a salir de los problemas sobre la marcha, en muchas ocasiones tirando de ingenio.
Como presidenta de la Federación Española de Familias Numerosas, Emilia siempre ha defendido que lo que ella (y otras madres y padres) han hecho no es algo heroico sino el reflejo de una generación pasada que consiguió sacar adelante a sus vástagos en condiciones diferentes a las que hay hoy día.
“Antes había más redes vecinales, menos presión porque todo saliese perfecto y las decisiones estaban centradas en lo esencial”.
El precio de la vivienda, los sueldos bajos y la falta de conciliación condicionan la crianza
Cuando se tienen en cuenta las condiciones de vida de antes, y se comparan con las de ahora se ven algunas diferencias importantes. La precariedad laboral, el coste de la vivienda, o la falta de políticas de conciliación en los trabajos han cambiado las reglas del juego. “Conciliar es un privilegio”, afirma.
Cada vez se tienen los hijos más tarde porque cuesta mucho independizarse y en muchos casos formar una familia numerosa choca con una realidad económica que no acompaña. Por eso, hay que apuntar a otro lado, como señala Emilia: “hoy muchas madres se sienten juzgadas por no poder con todo, cuando lo que ha cambiado no es su capacidad sino el sistema”.
Con su historia, busca poner en valor el trabajo ‘invisible’ de miles de madres. “El corazón se ensancha y sólo con una mirada sabes lo que necesita tu hijo”.