Las dificultades para acceder a una vivienda llevan a algunas familias a buscar sus propias soluciones, como instalarse en una casa prefabricada, aunque estas no siempre cuentan con los permisos necesarios. Y es justo lo que hizo este padre irlandés, que instaló una de estas viviendas para vivir con su mujer y sus hijos después de que le denegaran las ayudas públicas y que, ocho años después, ha sido obligado a demolerla.
Según explicó en el medio Extra.ie en 2017, instaló una de estas viviendas en el jardín de sus padres en una localidad al oeste de Dublín. La casa tenía unos 60 metros cuadrados, dos dormitorios y estaba pensada como una solución para instalarse junto a su familia.
Antes de construirla, él y su pareja habían solicitado acogerse al programa de ayudas a la vivienda, pero el Ayuntamiento rechazó su petición porque sus ingresos superaban ligeramente el límite establecido. Tampoco pudieron entrar en la lista de espera para acceder a una vivienda social, por lo que decidió utilizar sus propios ahorros para construir la casa.
Tuvo que demolerla tras ocho años de procesos judiciales
Después de ocho años de trámites judiciales, este padre de familia fue obligado a demoler la que ya era la vivienda familiar en enero del año pasado. Según explicó, el Ayuntamiento le obligó a abandonarla sin ofrecerle previamente una alternativa habitacional para su familia. Sus hijos tienen ahora 10 y 6 años.
“No es que nos dijeran ‘Derriba la casa, no te vamos a dejar sin hogar y tenemos un lugar al que puedes mudarte’. No fue así en absoluto”, lamenta, al tiempo que sostiene que su familia se quedó “sin casa, sin seguridad y sin nada”.
Demoler la vivienda ha supuesto un duro golpe tanto para él como para su familia, no solo porque trabajó “día y noche” para conseguir el dinero necesario para construirla. “Me gasté mi propio dinero en la cabaña y me obligaron a demolerla y tirarla a un contenedor”, asegura.
La familia vive actualmente en una vivienda privada que les ofreció una persona después de conocer su situación. Aunque reconoce que se trata de un lugar agradable, insiste en que sigue sin ser una solución definitiva.
Finalmente, ha conseguido entrar en la lista de espera para acceder a una vivienda social, pero tiene pocas esperanzas de poder quedarse en el lugar donde nació y creció. Su sueño sería disponer de un terreno y obtener un permiso de construcción para vivir cerca de su familia.