Álvaro, 77 años, vive con su mujer en una casa prefabricada en el jardín de su hijo: “Ahora tenemos el Edén en el patio de nuestro hijo”

El matrimonio dejó la casa de 6 habitaciones en la que había vivido durante 54 años para instalarse en el jardín de su hijo, en una casa donde puede mantener su independencia y estar cerca de su familia.

Una imagen de la casa y otra de la familia |Los Angeles Times
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Son muchos los que, cuando se hacen mayores, piensan en mudarse a una casa más pequeña para una mayor comodidad, y poder instalarse cerca de la familia da además una mayor tranquilidad. Y es el caso de Álvaro, de 77 años, y su mujer, Nenette, de 79, que dejaron la casa de 6 habitaciones en la que habían vivido durante más de 50 años para mudarse a una pequeña casa prefabricada modular construida en el jardín de su hijo. 

Durante más de 50 años la pareja había vivido en Nueva Orleans (Estados Unidos) en una casa grande donde habían acumulado todos los recuerdos de una vida; sin embargo, con el tiempo decidieron que era el momento de comenzar una nueva etapa y acordaron trasladarse a Los Ángeles para vivir cerca de uno de sus hijos. 

En lugar de optar por una vivienda tradicional, el matrimonio optó por una casa prefabricada que instalarían en el patio de su hijo. La vivienda se construyó en apenas tres meses y dispone de unos 53 metros cuadrados, con un dormitorio y un baño. Aunque el cambio de espacio ha sido importante, ambos aseguran que se encuentran cómodos. “Es solo un dormitorio, pero nos encanta”, explica Nenette en declaraciones recogidas por Los Angeles Times.

De una casa de seis dormitorios a solo 53 metros cuadrados

Para el matrimonio, uno de los mayores retos de pasar de vivir en una casa grande a hacerlo en un espacio mucho más pequeño fue el hecho de tener que reducir todas las pertenencias que había acumulado durante más de medio siglo. Aseguran que fue difícil dejar atrás algunos recuerdos familiares y decidir cuáles querían dejar atrás para poder adaptarse al espacio que ahora tenían disponible. 

Se quedaron sobre todo con las fotografías familiares y algunos objetos de gran valor sentimental, como una cama artesanal de madera de teca procedente de Filipinas, que todavía conserva algunos daños provocados por el huracán Katrina.

Pese a que su nuevo hogar es mucho más pequeño que el anterior, la pareja considera que tiene todo lo necesario. Además, cuenta con grandes ventanales y está rodeada de vegetación, uno de los aspectos que más valora Álvaro. “Ahora tenemos el Edén en el patio de nuestro hijo”, asegura.

Una jubilación independiente cerca de la familia

Una de las principales ventajas que le encuentran a vivir en el jardín de su hijo es que pueden mantener su privacidad y continuar haciendo su propia vida, pero con su familia a pocos metros por si necesitan ayuda o compañía.

Aunque ambas viviendas están situadas en la misma propiedad, cada familia cuenta con su espacio. Incluso han creado un código con las cortinas para entenderse entre ellos y evitar visitas inoportunas. Cuando están abiertas, indican al resto que están disponibles, mientras que si las tienen cerradas, es que quieren estar solos. 

La casa, además, está pensada para adaptarse a las necesidades que puedan ir teniendo conforme envejezcan, como accesos amplios para permitir el paso de un andador o una silla de ruedas, y se podría instalar una rampa en el futuro.

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