La Comisión de Trabajo Justo de Australia ha declarado improcedente el despido de una técnica de farmacia a la que acusaron de “robar” y consumir caramelos en su lugar de trabajo y durante la jornada laboral. Ahora, la empresa tendrá que indemnizarla con 23.960 dólares australianos, unos 14.500 euros.
Como recoge Ouest France, la afectada llevaba 14 años trabajando en una farmacia situada en el interior del hospital John Hunter (Newcastle, Nueva Gales del Sur) y no contaba con ningún antecedente disciplinario. La dirección de esta oficina de farmacia decidió rescindir su contrato en el mes de septiembre de 2025 después de encontrar a la trabajadora comiendo dulces en el establecimiento en cuatro ocasiones.
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Además de un espacio de farmacia, este local tenía un área de regalos. Fue aquí donde la trabajadora cogió los caramelos y los consumió sin haberlos pagado previamente. Como señala la sentencia, la empleada fue llamada a la trastienda y acusada de robo.
Luego, la llamaron a una reunión en la que le pidieron que presentase un justificante de pago. Y ella, que estaba muy afectada, no dijo nada y no se defendió, recibiendo la carta de despido con efecto inmediato.
Una práctica extendida entre sus compañeros
En el recurso presentado ante el organismo laboral, la empleada despedida reconoció los hechos aunque se defendió señalando que era una práctica extendida entre los empleados. Esta era consumir productos durante el turno y pagarlos después y que la empresa era conocedora de ello.
Luego, presentaron las imágenes de la cámara de seguridad, que respaldaron su defensa. La trabajadora no intentó esconderse y luego tampoco lo negó y en una ocasión, al terminar su turno, pagó en caja lo que se había comido.
La empresa argumentó que las normas internas exigían que el producto se pagase de manera inmediata y durante el proceso se pudo acreditar que había empleados que fueron amonestados verbalmente. Pero con ninguno de ellos se llegó al despido.
Una medida “severa” e “injustificada” teniendo en cuenta su trayectoria
La Comisión de Trabajo Justo concluyó que la medida fue “severa e injustificada” teniendo en cuenta que no contaba con antecedentes previos y consideró que el régimen disciplinario no se había aplicado del mismo modo, vulnerando los principios de equidad en el ámbito laboral.
Durante todo el proceso, la trabajadora manifestó sentirse “angustiada, abrumada e intimidada” y que no pudo explicarse como debería haberlo hecho en la primera reunión con sus jefes.