Desafortunadamente, cada verano, los incendios forestales vuelven a poner a prueba los servicios de emergencia en España. Las altas temperaturas, la sequedad del terreno y el abandono de parte del monte hacen que muchas campañas sean complicadas. Pero, detrás de cada operativo hay cientos de profesionales que trabajan en condiciones extremas y que, en ocasiones, llegan a jugarse la vida para proteger a la población, las viviendas y los espacios naturales.
Carlos Navarro, empezó con 13 años como voluntario en labores de vigilancia forestal, después fue brigadista y más tarde trabajó en unidades helitransportadas, por lo que conoce el fuego desde abajo y desde el aire. Hoy, es piloto e instructor en operaciones de extinción de incendios.
Precisión, riesgo y coordinación
Su trabajo forma parte de una rama de la aviación poco conocida, como es la de los pilotos de emergencias. En su caso, no vuelan pasajeros ni mercancías, sino que participan en incendios, rescates o salvamentos, y la demanda de estos perfiles aumenta en las campañas más duras, pero muchos jóvenes desconocen que esta salida profesional existe, según recoge el diario ‘Tribuna Ávila’.
“La emergencia hace que la toma de decisiones sea crítica”, explica Carlos. En un incendio, el piloto debe decidir por dónde entrar, qué punto de agua utilizar, cómo aproximarse a las llamas y cuándo una maniobra deja de ser segura, teniendo en cuenta que a ello se suma que el fuego puede generar corrientes de aire, alterar el viento y reducir la visibilidad.
“Siempre tuve una pequeña obsesión por los incendios y por volar.”
Por ello, la coordinación con los equipos de tierra es clave. Carlos describe la relación con las brigadas como “un binomio inseparable”, porque ellos son quienes observan desde abajo, guían la maniobra y corrigen la trayectoria si es necesario, aunque reconoce que “debemos estar concentrados, blindarnos un poco, pero también exteriorizar la presión negativa para no cargarla”.
Un sector que busca más estabilidad y prevención
Además, cree que los incendios actuales son más difíciles por la combinación de olas de calor, más vegetación acumulada en el monte y viviendas cada vez más próximas a zonas forestales. “La carga de combustible ha aumentado por la pérdida de usos tradicionales”, señala, haciendo hincapié en que el problema no es solo apagar fuegos, sino gestionar mejor el territorio antes de que arda.
También reclama más reconocimiento para el sector, ya que, durante años el trabajo ha sido muy estacional, con la intensidad de los meses de verano y después poca continuidad. Por eso defiende alargar las campañas, mejorar las bases, profesionalizar las condiciones y explicar mejor a la sociedad qué hacen estos equipos, y recuerda que “muchas bases estaban sin instalaciones, se ha mejorado pero queda mucho por hacer”.
Sin embargo, y pese a la dureza del oficio, Carlos anima a los futuros pilotos a conocer esta salida profesional. “Es un trabajo muy reconfortante”, asegura, ya que, para él, volar contra el fuego significa haber unido dos vocaciones, como la de proteger el monte y pilotar. “Es un trabajo muy digno”, concluye, “y hay que seguir mejorando sus condiciones”.
Requisitos para pilotar en un incendio
Llegar a pilotar en un incendio exige una preparación muy específica, porque primero hay que obtener la licencia comercial de helicóptero, después habilitarse para cada modelo de aeronave y, finalmente, completar cursos de operaciones de emergencia, donde se aprende a coordinarse con otros medios aéreos y terrestres, transportar brigadas, lanzar agua y tomar decisiones rápidas en situaciones de presión.