Repartir una herencia entre los familiares puede dar lugar a conflictos, sobre todo cuando hay muchos herederos y alguno considera que el fallecido le había prometido una parte concreta del patrimonio. Es lo que ha ocurrido con los bienes de un anciano de 98 años de Irlanda, que dejó su herencia a 38 sobrinos, aunque uno de ellos reclama la casa porque asegura que su tío se la había prometido antes de morir.
El anciano, que era viudo, falleció sin hijos en diciembre de 2021, cuando ya vivía en una residencia. Antes de eso, en el año 2015 firmó un testamento en el que estableció que toda su herencia tenía que repartirse entre sus sobrinos de edades comprendidas entre los 50 y los 79 años.
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Entre los bienes de la herencia se encontraba su casa, que había sido valorada inicialmente en 230.000 euros, aunque los albaceas consideraron que su precio podría haber aumentado desde entonces. El problema surgió cuando uno de los sobrinos, de 76 años, se negó a entregar la propiedad, en la que llevaba viviendo algunos años y que aseguró que su tío había prometido que sería para él.
El sobrino asegura que su tío le prometió la propiedad
Según se detalla en la sentencia que han recogido desde el medio The Irish Times, el sobrino explicó que, confiando en la promesa que le había hecho de que la casa iba a ser para él, se había trasladado a vivir a la finca en 2017.
Desde entonces, aseguró que había invertido dinero en hacer reformas y en mantener tanto la casa como los terrenos que la rodean. Por este motivo, sostiene que es el legítimo propietario y reclama que se cumpla el acuerdo al que había llegado en vida con el fallecido.
Tras su negativa a abandonar la casa, los albaceas del testamento iniciaron un procedimiento judicial tanto contra este sobrino como contra su hija, que también vivían en la casa, para tratar de recuperar la posesión y poder así hacer el reparto de la herencia.
Pero estos defendieron y reclamaron no solo que se reconociera el acuerdo de que la vivienda era suya, sino que reclamaron al resto de sobrinos una indemnización de 60.000 euros por los trabajos y gastos relacionados con la finca. Poco después volvieron a reclamar 286.000 euros por los bienes o servicios que, según sostiene, prestó sin que existiera un contrato formal.
De este modo, la misma disputa terminó tramitándose en dos tribunales diferentes, con reclamaciones muy similares, aunque con cuantías económicas distintas.
La jueza ordena que todo se resuelva en un único tribunal
Uno de los jueces de uno de los procedimientos ya ha dictaminado que no procede tener abiertos dos procesos judiciales por el mismo reparto y deberá tramitarse en base a la primera reclamación que hizo, de 60.000 euros, y además considera que no hay documentos que justifiquen la segunda reclamación de 286.000 euros.
Según explicó, es necesario que todas las disputas relacionadas con la herencia se resuelvan de manera conjunta para que el patrimonio pueda administrarse sin más retrasos ni costes innecesarios.
Cuando llegó el momento de la audiencia, el hombre no se presentó y solamente acudió su hija, aunque la jueza consideró que no podía intervenir en nombre de su padre ni había acreditado ninguna circunstancia excepcional que justificara aplazar la vista.
Ahora será el Tribunal el que deberá decidir si prevalece el testamento, que reparte el patrimonio entre los 38 sobrinos y sobrinas, o si este heredero consigue demostrar que su tío le prometió la finca y que las reformas realizadas le otorgan algún derecho sobre la propiedad.