Patricio Pou, dueño de una empresa de jardinería: "Hemos llegado a hacer jardines de entre 250.000 y 300.000 euros, y un solo cliente nos paga hasta 9.000 euros al mes"

Es un sector muy rentable si sabes gestionar los números, pero avisa que "a veces el problema es que intentamos dar servicio a todo".

Patricio Pou, dueño de una empresa de jardinería |Adrian G Martín
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A la hora de montar un negocio buscamos que tenga mercado, sea rentable y, sobre todo, que aporte un valor a la sociedad. En los últimos años, han salido de la nada nuevos negocios mayormente digitales, los cuales se han vuelto muy populares y demandados, pero: ¿qué pasa con los oficios de toda la vida? Es decir, hablamos de sectores como la fontanería, la construcción y, cómo no, la jardinería. ¿Son rentables estos negocios o están condenados a sobrevivir cobrando por horas? En este sentido, Patricio, un empresario que levantó una empresa junto a su hermano, explica en el canal de YouTube de Adrián G. Martín cómo pasaron de los números rojos a jugar en otra liga.

Llegamos a una facturación elevada porque siempre reinvertimos para seguir creciendo”. Patricio explica que en un sector donde hay mucho intrusismo y gente compitiendo por precio, ellos han apostado por la profesionalización, el compromiso y una estructura empresarial sólida, convencidos de que un jardín es mucho más que una furgoneta y unas tijeras.

El negocio de Patricio no nació con una inyección de capital de inversores, sino de la forma más arriesgada posible. “Nosotros hemos empezado con menos 50.000 euros”, confiesa. Sin capital propio, acudieron a la financiación bancaria. “Soy de los pocos empresarios que se lleva bien con los bancos, porque gracias a ellos pudimos empezar”.

Esos primeros fondos volaron rápido. La primera transferencia, de 15.000 euros, fue directa a un proveedor para poder traer las primeras plantas. El inicio no fue fácil y la presión era máxima. Patricio recuerda una anécdota que le marcó: en la Nochevieja de 2014, la cuenta de la empresa marcaba un saldo negativo de casi 50.000 euros. “Nunca se me va a olvidar. A las 9 de la noche, ¡plum!, nos ingresan setenta y pico mil euros”. A partir de ahí, la rueda del negocio empezó a girar.

Proyectos de 300.000 euros y la clave de la recurrencia

Cualquiera podría pensar que el dinero en la jardinería está en ir de casa en casa cortando el césped, pero la realidad de una empresa que superó el millón de euros facturados el año pasado es muy distinta. El negocio tiene tres patas fundamentales: el mantenimiento, los trabajos puntuales y los grandes proyectos.

“El servicio de mantenimiento supone entre el 40 y el 50% de la facturación anual”, señala. Tener comunidades de vecinos o clientes privados fijos ofrece algo vital para cualquier empresa: flujo de caja mensual y solidez. Una comunidad normal puede pagar unos 1.500 euros al mes, pero en zonas exclusivas, como la costa de Cap Adriano en Mallorca, tienen clientes muy exigentes que pagan entre 7.000 y 9.000 euros mensuales por mantener sus instalaciones impecables.

Sin embargo, la verdadera rentabilidad no está ahí. “¿Cuál de todos los trabajos es más rentable? El de proyectos, 100%”, asegura Patricio. Hablamos de diseñar y ejecutar jardines desde cero, donde no hay techo. “Hemos llegado a hacer hasta jardines de entre 250.000 o 300.000 euros”. Al final del año, una vez descontadas las nóminas, los vehículos y el material, el margen de beneficio de la empresa se sitúa entre un 15% y un 20% antes de impuestos.

“Hemos invertido más de un millón de euros”

Para dar servicio a clientes que pagan miles de euros al mes, no basta con herramientas básicas. Hace falta una infraestructura enorme. Patricio y su hermano cuentan con una flota de 13 vehículos (el 75% de ellos comprados nuevos) y una cantidad ingente de maquinaria profesional. “Hay que invertir. Mi hermano y yo en 12 años nunca hemos repartido dividendos, siempre hemos reinvertido en la empresa”, confiesa. En total, calculan que han inyectado más de un millón de euros en material y herramientas para poder escalar el negocio.

Además, recalca que el cliente muchas veces no entiende lo que paga. No es solo el rato que el jardinero está en la casa; es la planificación previa, la amortización del vehículo, el uso de maquinaria profesional y, muy importante, la recogida y el traslado de los restos vegetales al vertedero municipal. Por eso, “nosotros no somos una empresa que trabajamos por horas, vamos a presupuesto cerrado”, relata.

El intrusismo y el peligro de morir de éxito

Como en muchos oficios tradicionales, el personal y el intrusismo son grandes retos. Rocío, una de las jardineras del equipo que se mudó desde Sevilla a Mallorca atraída por el auge de la profesión, reconoce que es un trabajo físico y duro, pero completamente vocacional. Para evitar vicios adquiridos, Patricio prefiere muchas veces contratar a gente sin experiencia y formarla internamente, permitiéndoles promocionar dentro de la empresa.

Pero el mayor problema del sector no es encontrar trabajadores, sino el intrusismo que devalúa el oficio. “La gente dice: 'me compro una furgoneta, cuatro herramientas en el Leroy Merlin y ya soy jardinero'", lamenta Patricio. Frente a los que tiran los precios cobrando a 10 euros la hora, él tiene claro que no puede bajar a ese nivel. Reivindica la figura del paisajista (el “arquitecto” del jardín, que puede llegar a cobrar 80.000 euros solo por diseñar el espacio para clientes de alto poder adquisitivo) y la necesidad de exigir certificaciones para tareas peligrosas, como la poda de grandes árboles.

Entonces, ¿por qué fracasan las empresas de jardinería? Curiosamente, no por no saber podar una palmera, sino por mala gestión. “Sobre todo por no tener un asesor financiero; es una figura vital”, advierte. “Muchas veces fracasan porque están sobredimensionadas. Intentamos dar servicio a todo, y no porque me pagues 200 euros al mes puedo estar 24/7 para lo que necesites”.

En definitiva, y para resumir, sí es muy rentable el negocio de la jardinería a gran escala, pero exige una inversión constante, saber elegir inteligentemente los proyectos y no regalar el trabajo. Como aconseja Patricio a los futuros emprendedores del sector: “Céntrate en la formación, haz las cosas bien desde el principio y no tires los precios. No por tirar los precios vas a ser mejor profesional; al revés, date valor”.

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