Si se piensa en el futuro de las pensiones y el empleo en España nos solemos ir a la preocupación por la baja natalidad y el miedo a que no haya suficientes jóvenes para pagar las jubilaciones de la generación del baby boom. Sin embargo, el economista Santiago Niño Becerra ha explicado a través de sus redes sociales que el problema no es que falte gente, sino que la tecnología está haciendo que los trabajadores humanos dejen de ser necesarios.
Según Niño Becerra, el actual sistema de pensiones de la Seguridad Social "no es sostenible" a largo plazo. La razón es que la demanda de puestos de trabajo va a ir a la baja y, por lo tanto, los sueldos más comunes del país seguirán estancados o caerán. Para el economista, insistir en que el problema es la falta de nacimientos es un error que impide ver la realidad del nuevo modelo económico que ya está aquí.
Bajas cuotas para la jubilación futura
La cruda realidad de los números respalda la preocupación por la hucha de las pensiones. Aunque en los análisis económicos se suele hablar de un sueldo medio que roza los 26.900 euros brutos al año, los datos oficiales de la Encuesta de Estructura Salarial del INE demuestran que el salario más común, el que de verdad cobran miles de trabajadores, es mucho más bajo de lo pensado: unos 14.586 euros brutos anuales (apenas unos 1.000 euros al mes tras las retenciones).
Con unos sueldos tan pegados al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), la recaudación por cada nuevo empleo que se crea es muy baja. Esto refleja un auténtico problema, ya que mientras los nuevos jubilados entran al sistema con pensiones altas debido a que cotizaron más en el pasado, los jóvenes aportan cuotas muy bajas basándose en sus empleos mileuristas. Los datos le dan la razón. El gasto mensual en pensiones contributivas ya supera los 12.700 millones de euros, lo que devora más del 12% de todo el Producto Interior Bruto (PIB) de España.
¿Tienen que pagar las máquinas a la Seguridad Social?
Niño Becerra afirma que los conceptos de natalidad y población total ya han sido sustituidos por el de "productividad". Al hacer las máquinas cada vez más tareas, las empresas pueden producir más gastando menos en personal. "Dentro de nada se admitirá públicamente que ya no es necesaria tanta población como la que ahora tenemos en España y en Europa", asegura el economista, quien explica que este avance tecnológico reduce directamente los ingresos de la Seguridad Social por la vía de las cotizaciones.
Ante esta situación, el economista avanza que el debate tendrá que pasar obligatoriamente a otro nivel: ¿debe la tecnología cotizar a la Seguridad Social?
Este dilema no es nuevo. El propio Parlamento Europeo debatió de forma oficial el histórico "Informe Delvaux", que proponía crear un impuesto al trabajo realizado por robots o una tasa por su uso. El objetivo de este impuesto era recaudar fondos para ayudar a los trabajadores despedidos por culpa de las máquinas y poner los cimientos de una futura Renta Básica Universal. Sin embargo, en aquella ocasión la propuesta fue rechazada tras la presión de los sectores industriales, que argumentaban que esta tasa frenaría la innovación frente a potencias como Estados Unidos o China.
Hacia un nuevo modelo: la Renta Básica Universal
El problema de que los algoritmos y los robots sustituyan a los humanos es evidente: un software no consume, no compra en las tiendas, no paga el IVA y no cotiza. Si las empresas automatizan sus procesos, los beneficios se concentran en unas pocas manos mientras las clases medias se quedan sin ingresos, lo que provocaría que nadie pudiese comprar lo que las propias máquinas fabrican.
Por esta razón, cada vez más expertos asumen que la única salida será la creación de una Renta Básica Universal, un ingreso mínimo garantizado para todos los ciudadanos que se financiaría con los impuestos aplicados a la alta productividad de la tecnología. Niño Becerra concluye que el escenario que viene no tiene nada que ver con lo que hemos vivido hasta ahora: nos dirigimos hacia un mundo de "baja población, sueldos comunes bajos, menor gasto público y un papel del Estado mucho más pequeño".