Un cura de 61 años habla claro sobre su sueldo: “Trabajé en un banco, pero no me llenaba. Ahora cobro unos 900 euros y no me falta de nada”

Su experiencia en la banca marcó su forma de ver el dinero, el trabajo y la ayuda a los demás.

Juan Carlos, 61 años, cura |Imagen cedida por el autor de la entrevista
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La financiación de la Iglesia católica suele estar rodeada de preguntas, como cuánto cobra realmente un sacerdote y cómo vive con ese salario. Sobre eso ha hablado Juan Carlos, cura de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Torrelavega, en una entrevista en el canal de YouTube Lou Protocol, donde también ha reflexionado sobre su pasado laboral, el comercio “justo” y las dificultades de muchos inmigrantes para trabajar sin papeles.

Según ha explicado, los sacerdotes no tienen un sueldo alto, aunque muchos gastos básicos, como la vivienda o la luz, los cubre la parroquia o el obispado. “No cobramos mucho”, ha afirmado el sacerdote, que ha detallado que el salario base ronda “los 1.050 o 1.090” euros mensuales y, tras descontar los seguros sociales y otros gastos, “igual se quedan en 900 euros”.

Aun así, el sacerdote matizó que esa cantidad debe entenderse dentro de una situación particular, ya que “no tienes que pagar luz ni tienes que pagar vivienda” porque esos gastos suelen quedar cubiertos por la parroquia o por el obispado. Por eso, aunque reconoce que el dinero no es mucho, también afirma que “no te falta de nada”.

Juan Carlos habló de la estabilidad que ofrece esta forma de vida. “Nunca te vas a quedar en la calle”, afirmó, al explicar que el sacerdocio no funciona como un empleo común, sino como una vocación. “No es un trabajo al uso”, resumió.

Del banco al seminario

Sin embargo, su relación con el dinero viene marcada por su experiencia profesional anterior, ya que antes de ingresar en el seminario trabajó durante más de una década en un banco, donde llegó a ocupar puestos de responsabilidad. Pero allí descubrió que ese mundo no terminaba de encajar con su forma de entender la vida.

Aunque disfrutaba del trato con los clientes, empezó a sentirse incómodo con un modelo en el que el beneficio económico estaba por encima de todo y veía una contradicción entre ayudar a las personas y la necesidad de maximizar beneficios. “Esto no es Cáritas”, fue una frase que ha recordado escuchar por parte del director del banco cuando intentaba favorecer a clientes con menos recursos, y ha añadido que en muchas ocasiones sentía que tenía que intentar aplicar “los mayores intereses posibles”.

Esa experiencia fue decisiva para replantearse su futuro. “Aquello no me llenaba”, contó, así que a los 28 años decidió dejar el trabajo y entrar en el seminario a pesar de que a su familia le preocupara que abandonara un empleo estable. Mientras muchos de sus antiguos compañeros ya se encuentran jubilados, él asegura no arrepentirse del cambio y dice estar “muy feliz”.

El comercio justo como forma de consumo

Juan Carlos también ha reivindicado el comercio “justo”, una forma de comprar que, según ha explicado, busca evitar abusos laborales. “No hay que mirar siempre lo más barato”, ha afirmado, porque a veces ese precio bajo llega “a costa de una explotación infantil” o de “unos salarios que no son dignos”.

Por ello, la parroquia mantiene desde hace años una tienda de comercio justo en la que se comercializan productos procedentes de distintos países en desarrollo. Ha explicado que el objetivo es garantizar relaciones comerciales estables, salarios dignos e igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Así que Juan Carlos anima a consumir con más conciencia, aunque eso implique comprar menos. “Igual solo me puedo comprar una tableta en vez de dos”, explicó, pero defendió que lo importante es que lo que se consume sea “justo” y deje la tranquilidad de estar colaborando con algo “digno”.

Inmigración, trabajo y burocracia

El sacerdote también ha vinculado la cuestión económica con la inmigración, ya que, desde su experiencia en un barrio con un gran número de población extranjera, ha defendido que muchas personas migrantes quieren trabajar y aportar a la sociedad, pero se enfrentan a obstáculos administrativos que dificultan su integración laboral.

“Hay gente que quiere trabajar y hay gente que necesita trabajadores”, ha señalado el sacerdote, antes de criticar que la Administración sea “una burocracia tan pesada, tan cargada, tan lenta y con tantos requisitos”.

Por eso defendió que se facilite la regularización de estas personas. “¿Por qué no se quedan de una manera regular, con papeles, que puedan trabajar?”, se preguntó. Según dijo, muchas acaban “malviviendo, acinadas en un piso” o aceptando empleos “indignos” y “precarios”.

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