Emanciparse en España se ha convertido en una misión casi imposible. El economista Gonzalo Bernardos ha puesto el dedo en la llaga sobre un problema que angustia a miles de familias: el retraso forzado de los proyectos de vida.
Lo que antes se hacía a los 25 años, comprar una casa o formar una familia, ahora se pospone hasta los 35. Y es que, a pesar de que hay más empleo que nunca, los sueldos son devorados por unos alquileres por las nubes, dejando a toda una generación atrapada en la ‘espera eterna’.
“Todo llega más tarde, y cuando te das cuenta…”
El diagnóstico de Bernardos en Atlántico Hoy es demoledor: el retraso en la independencia crea un círculo vicioso del que es difícil salir. "Todo llega más tarde: los proyectos, el ahorro, la independencia. Y cuando te das cuenta, has pasado una década entera sin poder dar el salto a la vivienda", explica el experto. El motivo es matemático: al estar tanto tiempo pagando alquileres caros, es imposible ahorrar el "colchón" necesario para pedir una hipoteca.
Mientras en Europa la media para irse de casa son los 26 años, en España no logramos cruzar el umbral familiar hasta los 30,4 años. Sin embargo, lejos de lo que se pueda pensar, la verdadera barrera es la entrada al mercado de compra.
Para una vivienda media de 200.000 euros, los bancos exigen tener ahorrados unos 60.000 euros (el 20% de la entrada más un 10% de gastos de notaría e impuestos).
Con un sueldo neto medio de 1.250 euros y alquileres que en Madrid o Barcelona no bajan de los 1.100 euros, las cuentas no salen. Un joven que vive solo destina el 70% de lo que gana a su piso, lo que hace que tardara casi 20 años en ahorrar esa entrada. El resultado: el alquiler por habitaciones ya es la única salida para 4 de cada 10 trabajadores menores de 35 años.
Contratos fijos, pero bolsillos sin dinero
Aunque el paro juvenil está en mínimos históricos (25,8%), la precariedad ha cambiado de cara. La figura del fijo discontinuo hace que muchos tengan contrato, pero no trabajen todo el año. Sin ingresos estables mes a mes, el banco negará hipotecas, ya que la cuota máxima permitida para estos sueldos sería de 450 euros, algo que hoy por hoy es ciencia ficción en el mercado inmobiliario español.
Ante tal escenario, Bernardos prevé que la vivienda propia acabará dependiendo de la ayuda de los padres gracias a donaciones, préstamos familiares o avales; o en el peor de los casos, viviendo de alquiler de por vida.