El auge de las energías renovables, especialmente de la solar y la eólica, está haciendo estragos en el campo español. Mientras algunos agricultores y empresarios directamente prefieren sustituir sus cultivos por placas solares, como el caso que vimos de Francisco Portillo, otros simplemente son forzados a ello de diferentes formas.
Es lo que le ha ocurrido a Antonio Miguel, propietario de varios olivares que ha sufrido la expropiación de sus terrenos a manos de empresas privadas que pondrán allí una planta fotovoltaica para producir electricidad a partir del sol. El agricultor rompió a llorar en el programa de Espejo Público (Antena 3) cuando le preguntaron por su situación. Con las emociones a flor de piel, el agricultor contó la delicada situación por la que estaba pasando junto a otros compañeros del campo andaluz, víctimas de un proceso que, según denuncia, pone en peligro siglos de tradición agraria.
Antonio denuncia la presión para ceder sus tierras
"No quiero ni dinero ni alquileres. Sólo deseo seguir con mis olivos, vivir de ellos como he hecho siempre", ha afirmado, con lágrimas en los ojos, al explicar que se ha visto forzado a arrendar sus terrenos por temor a perderlos definitivamente. Antonio representa a muchos agricultores que, ante la presión de las grandes compañías energéticas y respaldada por resoluciones administrativas, acaban aceptando lo que consideran el "mal menor" para evitar una expropiación forzosa.
Su testimonio deja ver una realidad que, según denuncian los afectados, cada vez es más frecuente, que no es otra que la implantación masiva de parques fotovoltaicos en suelos agrícolas tradicionales. Las empresas, apoyadas por una política energética favorable al impulso de las renovables, están ocupando fincas con historia, en muchos casos mediante acuerdos que, en la práctica, dejan a los propietarios sin una verdadera capacidad de decisión.
Olivos centenarios amenazados por los paneles solares
Durante su intervención en televisión, Antonio recordó que algunos de sus olivos superan los trescientos años de antigüedad. Son árboles centenarios que han sobrevivido al paso del tiempo, a las guerras y a las sequías, pero que ahora podrían desaparecer bajo extensiones de placas solares. “Lo llaman progreso, pero para nosotros es la destrucción de todo lo que hemos construido durante generaciones", ha lamentado.
El agricultor ha relatado que la Junta de Andalucía le remitió comunicaciones en las que se le planteaban dos alternativas: llegar a un acuerdo con la empresa eléctrica o enfrentarse a la expropiación. Una negociación que él define como una "imposición disfrazada de acuerdo". "Nos dicen que es amistoso, pero si no firmas, te quitan la tierra. ¿Dónde está la libertad?", se ha preguntado con amargura, concluyendo que "esto es una dictadura".
El contrato de arrendamiento supondrá para Antonio unos ingresos cercanos a los 3.000 euros por hectárea, una cifra que, según sostiene, no compensa el valor emocional, familiar y simbólico de sus terrenos. "Después de toda una vida cuidando este campo, me encuentro con que no tengo alternativa. ¿Qué clase de democracia es esta, en la que tienes que entregar tu finca para no perderla por completo?", se ha preguntado entre lágrimas.