Parece que los oficios de toda la vida están volviendo poco a poco. Ya sea por la falta de relevo generacional o porque hay mucha demanda de servicios especializados, especialmente los relacionados con las reformas y la construcción, son muchos los jóvenes y no tan jóvenes que se están volviendo a interesar por estos empleos. Eso sin contar con que los sueldos muchas veces son más altos trabajando como fontanero o electricista que siendo ingeniero incluso.
Aun así, dar el paso a hacerse autónomo y trabajar por cuenta propia todavía cuesta. Los elevados costes fiscales o la inversión inicial echa para atrás a muchos jóvenes cuando quieren aventurarse a trabajar en estos oficios tradicionales. Y es que comprar un tractor para trabajar en el campo, un camión para ser transportista o una furgoneta para ir de casa en casa arreglando tuberías no es barato precisamente.
Con todo, hay quién lo consigue y le va bien, como el caso de José Navarro, un fontanero autónomo de 36 años que defiende la dignidad y la rentabilidad de esas profesiones técnicas que hasta hace poco nadie quería pero que ahora están resurgiendo. En una entrevista para el pódcast Sector Oficios, el madrileño explica por qué rechazaría tener un puesto fijo en cualquier empresa ajena, sin importar la cuantía del salario ofrecido, para seguir adelante con su propia empresa.
Antes vendía coches de alta gama y acabó pasándose a la fontanería
José Navarro no empezó siendo fontanero desde niños como muchos podrían creer, sino que antes de hacerse fontanero estuvo trabajando como peón de albañil en la construcción, además de trabajar también con su padre en las instalaciones de agua. Pero, tras la crisis inmobiliaria, pasó por diversos empleos que le duraron poco tiempo, como uno de aparcacoches. Posteriormente, Navarro se incorporó al sector de la automoción, donde trabajó como vendedor de vehículos durante seis años.
Mientras trabajaba en los concesionarios, llegó a ganar bastante dinero gracias a los incentivos que conseguía por ventas, llegando a tener una nómina de hasta 4.300 euros en un solo mes, aunque la media ordinaria se estabilizaba en los 2.000 euros. Sin embargo, la llegada de la pandemia del COVID-19 supuso un punto de inflexión decisivo en su vida: Navarro abandonó la venta de coches, obtuvo el correspondiente certificado de profesionalidad en instalaciones de fontanería y calefacción, y decidió darse de alta en el régimen de autónomos.
De los 80.000 euros que factura se lleva solo 2.000
Como ya tenía una buena experiencia en el sector privado, vio las diferencias de sueldo que se daban entre ser asalariado y emprender un negocio propio. Navarro recuerda que, como vendedor de coches, su esfuerzo directo generaba un inmenso flujo de capital para el concesionario, del cual él apenas percibía una pequeña fracción. "Igual facturaba de beneficio para la empresa en un mes 80.000 euros, para que luego a mí me dieran una nómina de 2.000", dice el profesional para ilustrar la habitual descompensación entre la productividad del trabajador y su salario real por cuenta ajena.
Aunque admite que la fontanería autónoma exige afrontar jornadas largas, lidiar con presupuestos y asumir el riesgo diario de los impagos, el fontanero asegura que la recompensa personal compensa con creces todos los sacrificios. "No me arrepiento en absoluto. Ser autónomo no es fácil, pero a mí me encanta", aseveró Navarro, remarcando que se trata de una de las mejores decisiones que ha tomado en su andadura profesional.
El hecho de poder organizarse el tiempo como quiera es uno de los aspectos más positivos de su trabajo
Para José Navarro, el verdadero valor del trabajo no se basa solo en lo que se gana al mes, sino en aspectos como el de poder organizarse el tiempo de trabajo a su manera. Y es que si a día de hoy le ofrecieran un sueldo de incluso más de lo que gana de media siendo autónomo, él tendría clara su respuesta: "Si a mí me ofrecieran hoy un trabajo de asalariado y me pagaran 4.000 euros al mes, no me iría".
El hecho de simplemente poder decidir qué servicios aceptar y cuáles no, de ponerse las vacaciones cuando quiera y organizarse el trabajo sin tener que acatar todo lo que diga el jefe y sus exigencias, según sus palabras, es un beneficio difícil de cuantificar y que ninguna nómina puede llegar a igualar. Ya lleva dos años trabajando para él mismo sin parar y por eso ya sabe que la fontanería no solo es una profesión con pleno empleo y alta remuneración, sino un camino idóneo para alcanzar la plena realización personal y profesional.