El Gobierno aprobó el pasado 21 de julio el proyecto de reforma de la ley antitabaco, una norma que deberá superar ahora su tramitación parlamentaria y que plantea extender la prohibición de fumar a las terrazas de bares y restaurantes, las playas, las piscinas de uso colectivo, las instalaciones deportivas, los espectáculos al aire libre y los parques nacionales. La propuesta también equipara los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos relacionados con el tabaco a los productos convencionales en aquellos lugares donde no esté permitido su consumo.
Así, esta futura prohibición de fumar en las terrazas ha reabierto una discusión entre las personas que reclaman más protección para dejar de ser fumadores pasivos, y quienes pueden verse afectados por una pérdida económica significativa, como es, en este caso, los hosteleros.
De hecho, frente al objetivo de proteger a los no fumadores y reducir la normalización del tabaco, algunos clientes y empresarios temen que la medida traslade el consumo unos metros más allá de las propias terrazas, perjudique a los negocios y obligue a los hosteleros a asumir una función de vigilancia que consideran ajena a su cometido.
“Cualquiera que quiera tomar un café o disfrutar de su ocio libremente en una terraza debería poder hacerlo sin que el humo de las mesas de alrededor forme parte del menú”, ha defendido la ministra de Sanidad, Mónica García, durante la presentación de la reforma, sosteniendo que el texto persigue el objetivo de “proteger mejor la salud pública y avanzar hacia una generación libre de tabaco”.
Fumadores y no fumadores, divididos ante la nueva prohibición
Entre las voces más críticas con la medida está la de una fumadora que considera que las restricciones están dejando cada vez menos espacios para consumir tabaco. “Ya no vamos a poder fumar en ningún lado, ni en los coches, ni en las terrazas, ni en las calles ni en las paradas de autobús. Entonces, ¿dónde vamos a fumar? ¿En nuestra casa, con los niños dentro?”, lamenta en declaraciones a NoticiasTrabajo.
Por su parte, otros entrevistados comparten la idea de que la prohibición no reducirá necesariamente el consumo, sino que simplemente lo desplazará. “Yo soy fumador, voy a seguir yendo a las terrazas; lo único es que me voy a levantar para fumar al lado, que al final va a ser lo mismo”, explica uno de ellos, mientras otro sostiene que, después de 15 años fumando, no dejará de hacerlo porque ya no pueda hacerlo sentado en una terraza.
El derecho de los no fumadores a no respirar el humo
Sin embargo, en el lado contrario, varios ciudadanos defienden la prohibición por considerar que el humo afecta también a quienes no han elegido fumar. “Aunque yo soy fumadora, lo veo bien, porque entiendo que la gente que no fuma no tiene por qué tragarse el humo del cigarro”, afirma una de las entrevistadas a NoticiasTrabajo.
La presencia de menores es otro de los argumentos que más se repite entre quienes apoyan la medida. “Yo lo veo muy bien cuando hay niños pequeños”, señala una ciudadana, mientras otro señala que “el fumador pasivo no decide ser fumador”.
También hay quienes apelan a la convivencia y al respeto por las personas que ocupan las mesas cercanas. “Dar por hecho que yo puedo fumar y no pensar en quienes están a mi alrededor, no me parece lo más educado”, sostiene otro ciudadano.
Pese a ello, algunos de los entrevistados creen que fumadores y no fumadores podrían convivir si se habilitaran espacios diferenciados. De hecho, una de las entrevistadas propone crear zonas específicas, similares a las salas para fumadores de algunos aeropuertos, mientras que otro hostelero plantea dividir las terrazas entre áreas para fumadores y para no fumadores.
Los hosteleros temen asumir el control de la prohibición: “No somos policías”
Sin embargo, las mayores dudas sobre la aplicación práctica de la reforma vienen del sector hostelero. Varios trabajadores temen que sean ellos quienes tengan que enfrentarse a los clientes que incumplan la norma. “Vente tú y ocúpate de que el cliente no fume. No me hagas ser yo el policía”, protesta uno de los hosteleros preguntados por NoticiasTrabajo.
Otra trabajadora también comparte esta preocupación y señala que “vamos a tener que estar peleándonos con ellos y hacer de policías, cuando ese no es nuestro trabajo”. Así, los empleados advierten de que estas situaciones podrían generar discusiones en las terrazas y aumentar la presión sobre camareros y responsables de los establecimientos.
Pero a esta inquietud se suma el posible impacto económico. Algunos empresarios consideran que una parte de los clientes podría reducir sus visitas a bares y restaurantes o decidir quedarse en casa. “La gente viene a estar en el negocio, a fumar, a beber algo y a hablar con los amigos. Sí que afectaría”, sostiene una de ellos.
Sin embargo, no todos los trabajadores del sector rechazan la reforma, ya que una hostelera y fumadora reconoce que tiene una opinión dividida, apuntando que “como hostelera me gusta, porque es una zona pública que comparten personas y en la que hay alimentos; pero como fumadora, no lo veo bien”.

