En un mundo donde parece que el éxito solo se encuentra detrás de una pantalla de ordenador, Iñaki es la prueba de que "mancharse las manos" sigue funcionando para llenar la cartera. A sus 29 años, este electricista navarro lleva ya cuatro años navegando por su cuenta con una fórmula que le está funcionando: ser el "chico para todo" en la obra, combinando electricidad, climatización y aerotermia.
De la FP a tener su propia empresa
Iñaki empezó con la Formación Profesional a los 19 años, pasó seis aprendiendo el oficio y a los 25 decidió que era el momento de saltar a la piscina. Hoy tiene una SL con dos empleados, trabaja codo con codo con ellos en la obra y, además, gestiona la oficina en sus ratos libres.
"He tenido mucha demanda. Pensaba que no iba a llegar a tener tanto trabajo, pero mi principal problema es que encontrar gente es imposible. En el sector de la construcción es dificilísimo", confiesa Iñaki a José Elias durante el podcast Un Café Incapto con Jose #55.

Una estrategia exitosa
Tradicionalmente, en Navarra los oficios estaban muy separados: el electricista solo ponía cables y el fontanero solo tubos. Iñaki decidió romper ese esquema y adoptar el modelo que funciona en Cataluña, donde un mismo instalador toca todos los palos (luz, clima, fontanería).
Esta estrategia no solo le permite ofrecer un servicio integral al cliente, evitando las típicas peleas entre gremios en la obra, sino que le otorga un margen de beneficio mayor al alejarse de las grandes obras donde se paga el mecanismo a precio de saldo.
260.000 electricista, pero faltan manos
La situación de Iñaki no es, ni mucho menos, un caso aislado en nuestro país. Actualmente, en España contamos con cerca de 260.000 electricistas, pero el sector se encuentra al borde del colapso simplemente porque no hay manos suficientes para todo el trabajo que llega.
La realidad es que faltan unos 20.000 profesionales de forma inmediata; la fiebre por instalar aerotermia y puntos de recarga para coches eléctricos va a una velocidad que las matriculaciones en la FP no logran alcanzar.
A esto se le suma un preocupante envejecimiento de las plantillas: la edad media del instalador roza ya los 48 años, lo que significa que, en apenas una década, uno de cada tres profesionales estará jubilado. Y todo esto ocurre en un oficio con salarios muy competitivos, donde un oficial de primera suele superar fácilmente los 25.000 o 30.000 euros brutos anuales, cifras que ya quisieran para sí muchos empleos de oficina que hoy están mucho más saturados.
"El cementerio está lleno de instaladores inventores"
A pesar de tener 70.000 euros en la cuenta y unos gastos mensuales de unos 7.000, los expertos, como José Elias, recomiendan a jóvenes como Iñaki no "fliparse" con el crecimiento. La clave para sobrevivir como instalador es mantener la proporción de caja:
- Hasta que no se tenga al menos seis o siete personas trabajando fuera, la oficina debe llevarla el dueño. Meter personal administrativo antes de tiempo es un gasto que no genera ingresos directos.
- Si hay más trabajo que manos, los presupuestos deben subir su margen (del 20% al 25% o 30%) para asegurar la solvencia del negocio.
Sin embargo, Iñaki está seguro de que mientras la Inteligencia Artificial amenaza con sustituir miles de puestos administrativos, su trabajo es cada vez más valioso. "El cementerio está lleno de instaladores inventores", le advierten, pero él sigue a lo suyo: con los pies en el suelo y la mirada puesta en una demanda que no para de crecer.

