En plena crisis de la vivienda, miles de jóvenes han tenido que volver a vivir con sus padres u otros familiares ante la imposibilidad de pagar un alquiler (y qué decir de comprar una vivienda). Otros, ni siquiera han tenido esa oportunidad. Esta situación, para algunas personas, ‘infantiliza’ a las nuevas generaciones. Y, por ello, una joven ha querido responder a esta crítica exponiendo su propio caso, asegurando que ha madurado más al regresar con sus padres.
Se trata de Eliza Pepper y a sus 20 años creía tener la vida perfecta: le iba bien en el trabajo, vivía en el centro de Londres con sus amigos y tenía el dinero suficiente para disfrutar de la ciudad. Sin embargo, todo cambió cuando a su madre le diagnosticaron cáncer y su abuelo sufrió un derrame cerebral que lo dejó incapacitado.
“Mientras mis amigos seguían con su rutina de trabajo y vida social, yo me vi obligada a hacer una pausa en la mía para volver a vivir con mis padres a los 24 años. Nada podría haberme hecho renunciar a estar con mi familia durante esta crisis, así que, ¿por qué me daba vergüenza admitir que vivía en casa ante conocidos o compañeros de trabajo que no conocían el contexto?”, reflexiona en primera persona para ‘Business Insider’.
Eliza explica que, para la mayoría, los jóvenes que viven con sus padres, entrando ya en la edad adulta, son personas dependientes. Algo que no se ajusta ni a su situación ni al grueso de la ‘Generación Z’.
“No creo que sea justo que se tache a mis compañeros de infantiles por vivir con sus padres: es más maduro que la alternativa de endeudarse”
La joven relata que, cuando se independizó y se mudó por primera vez, se sintió “adulta”, aunque ahora cree que realmente era una excusa para ser inmadura. “Podía hacer lo que quisiera y mi mayor compromiso era pagar el alquiler cada mes”, agrega. Ahora, en cambio, tras afrontar una crisis familiar y la responsabilidad que supone cuidar de otras personas, afirma que es verdaderamente madura.
Siguiendo esta línea, Eliza añade que tiene más responsabilidades en casa de sus padres que cuando vivía de alquiler. “Afrontar los retos como parte de una unidad familiar es probablemente más representativo de mi futura vida adulta, que seguramente incluirá hipotecas, el cuidado de los hijos y cualquier otro imprevisto”, defiende.
Al mismo tiempo, reconoce que su situación es poco habitual, ya que la mayoría de la ‘Generación Z’ vive con sus padres por motivos económicos, como son el aumento del precio de los alquileres o la imposibilidad de ahorrar para comprar una vivienda. Aun así, lanza un alegato claro: “No creo que sea justo que se tache a mis compañeros de infantiles por vivir con sus padres: es más maduro que la alternativa de endeudarse o depender de la familia para que te saque del apuro”.
Aprender lo que realmente es envejecer
Como parte de su aprendizaje, Eliza también explica que ha aprendido que el envejecimiento es cosa de todos: “Según mi experiencia, el verdadero reto es cómo las familias pueden envejecer juntas”. Desde que regresó a casa, ha podido conocer más en profundidad a sus padres y saber cuáles son sus preocupaciones de cara al futuro, pudiendo crear una relación entre adultos que, defiende, no podría haber hecho a través de llamadas y regresando por vacaciones.
“Aunque los titulares se hacen eco de padres que se quejan de que sus planes de jubilación se ven arruinados por el regreso de sus hijos adultos a casa, considero que se trata de una visión innecesariamente negativa de cómo evoluciona la relación entre padres e hijos”, critica, señalando que “los papeles se invierten a medida que nuestros padres envejecen”.
En relación a esto, afirma que muchos adultos se ven atrapados entre cuidar de sus padres y cuidar de sus propios hijos, señalando que, a su juicio, los adultos no deberían ser independientes. Es decir, pueden cuidar y ser cuidados al mismo tiempo. Ella, por ejemplo, está cuidando a su madre y esta, mientras trata su enfermedad, está cuidando a su vez de sus abuelos. Una cadena de cuidados que, cuando vivía con sus amigos, no entendía.

