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Charles Darwin, naturalista: "Un hombre que se atreve a desperdiciar una hora de tiempo no ha descubierto el valor de la vida"

El naturalista defendía la atención plena frente a la acumulación de horas para combatir su salud.

Charles Darwin
Charles Darwin, naturalista: "Un hombre que se atreve a desperdiciar una hora de tiempo no ha descubierto el valor de la vida" |www.superprof.cr
Fátima Pazó
Fecha de actualización:
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Charles Darwin, autor de El origen de las especies, mantuvo durante más de cuarenta años una estricta rutina de trabajo de apenas cuatro horas diarias debido a una enfermedad crónica. Según los manuscritos conservados en el archivo Darwin Online y la recopilación The Life and Letters of Charles Darwin (1887), el científico priorizaba la calidad de la atención sobre la cantidad de tiempo invertido. Esta metodología le permitió publicar su obra cumbre en noviembre de 1859, tras veintitrés años de investigación iniciada a bordo del HMS Beagle.

Un método de trabajo condicionado por la salud

Darwin sufría problemas digestivos y trastornos de ansiedad que limitaban su capacidad de trabajo. Para optimizar su energía, dividía su jornada en bloques fijos cronometrados. Según su autobiografía, su rutina en Down House comenzaba a las siete de la mañana; escribía de ocho a diez y realizaba una segunda sesión hasta el mediodía. El resto de la jornada se reservaba para el descanso, paseos por el jardín y lectura de novelas con su familia.

El naturalista anotaba diariamente las horas dedicadas al estudio y los experimentos avanzados. Esta obsesión por no desperdiciar el tiempo respondía a su necesidad de repartir una energía muy limitada entre tareas de gran complejidad científica.

Lo que la frase no dice

Para Darwin, el valor de una hora dependía de la atención prestada y no del volumen de trabajo producido. Los registros históricos demuestran que el científico dormía nueve horas y dedicaba gran parte de la tarde a sus diez hijos o a observar plantas en su invernadero.

En una carta enviada a su hermana Susan el 4 de agosto de 1836, Darwin ya perfilaba esta filosofía. Para el autor, una hora desperdiciada era aquella que transcurría sin atención. El tiempo dedicado al paseo o a la observación aparentemente improductiva era, en realidad, parte esencial de su proceso de pensamiento científico.

 

 “Un hombre que se atreve a desperdiciar una hora de tiempo no ha descubierto el valor de la vida”- Charles Darwin.

La cita funciona hoy mejor cuando se lee así, como una invitación a distinguir entre tiempo perdido y tiempo aparentemente improductivo. Esa distinción la sostuvo durante los veintitrés años de silencio entre el viaje del Beagle y la publicación que cambió la biología moderna.