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La psicología confirma por qué las personas amables se sienten solas incluso cuando están rodeadas de gente

Aunque están rodeadas de gente y suelen ser el apoyo de su familia y amigos, muchos sienten un profundo abandono porque no encuentran a quien les cuide.

un chico triste sentado con amigos en el sofá
Un grupo de amigos sentados en el sofá, con uno de ellos triste. |Envato
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:

En una sociedad que acelera todos los días, que va al ritmo que marca el trabajo o las obligaciones familiares, hay personas que siempre están disponibles para los demás. Ese sacrificio que supone contestar siempre al teléfono, escuchar durante horas, aconsejar a quien tiene problemas, pero con historias por detrás. Una soledad que es complicada de explicar y sobre la que ya ha hablado la psicología

No pasa porque no tengan con quien hablar sino porque sienten que nadie se va a preocupar por ellos de la misma manera que siempre hacen ellos con sus conocidos. Este patrón es muy habitual, personas empáticas, amables y queridas que han crecido en un ambiente amable, pueden llegar a la edad adulta sin amigos. La clave está en que ellos siempre han tenido ese rol de amigos, de ser fuertes, estables y estar disponibles. 

Suele pasar con el grupo de colegas, la pandilla de toda la vida donde hay una persona que siempre es la imprescindible. A la que llamar cuando había problemas, cuando alguien da una mala noticia o una pareja se rompe. Momentos en los que se necesita ser escuchado sin sentirse juzgado. 

Con el paso del tiempo, ese estar cien por cien disponible es como una identidad propia. Para los demás, es alguien cercano, con el que compartir momentos importantes. Pero a veces esto no va siempre en un doble sentido. Una persona cuenta sus problemas, sí. La otra la escucha, también pero luego se pregunta. ¿Si fuera yo haría lo mismo?

Conocer mucha gente pero, ¿a cuántos de verdad?

No se trata de personas que se queden solas en el sentido literal de la palabra. Tampoco van buscándolo. Pueden tener cientos de mensajes que contestar, conversaciones y quedadas abiertas con amigos o compañeros de trabajo. Pero, ¿qué pasa cuando el problema lo tienen ellos? No saben a quién acudir.

La diferencia está en tener mucha gente alrededor pero no encontrar delante de quién desahogarte sin medir las palabras. Para la psicología, esa sensación aparece cuando se ha sido refugio para muchos, pero no para sí mismo. Por eso, se pregunta, “¿a quién llamaría si me pasase eso?”

El motivo es que no ha compartido en la misma medida, que no ha hablado de sus miedos, no ha pedido ayuda, no reconoce lo que está mal o bien y no expresa lo que le hace falta. La relación es que una persona habla y se desahoga y el otro sostiene.

El comportamiento no nace de la vida adulta

Dos niños paseando de la mano. | Envato

Este comportamiento no nace siempre en la vida adulta, en muchos casos la psicología lo relaciona con experiencias tempranas que la persona aprendió. Estas hacen referencia a cuidar antes de sentirse cuidado. 

Puede pasar cuando en una casa un niño pequeño asume responsabilidades que por edad no le corresponden, siendo el apoyo de sus padres o de sus hermanos. Se le llamaba ‘el fuerte’ en un fenómeno conocido como parentalización.

Cuando un niño aprende que su valor está en ser útil, necesario y estable, puede llevar esta postura a sus relaciones adultas, convirtiéndose en el amigo que escucha, el compañero que se queda con los problemas de los demás para analizarlos o la pareja que se adapta al otro antes que a sus propias necesidades. Puede parecer amabilidad pero no es así, ya que se trata de un modo aprendido de ganar cariño.

La psicología sitúa en problema en la falta de cuidado

La soledad de estas personas no siempre es visible, ya que pueden parecer sociables, queridas y acompañadas pero en momentos complicados revisan su lista de amigos y siempre encuentran una razón para no escribirles. Cuando se está pasando un mal rato, acuden a mí, pero ¿ahora a quién acudo?

Entonces esperan a que alguien vea su situación, note su silencio y le pregunte ¿estás bien? Que se den cuenta de que se siente apagado, y que sin que les conteste vuelvan a insistir “me he acordado de tí, no te veo bien, dime cómo estás de verdad”.

Pero, durante muchos años, se ha mostrado la careta de poder con todo, y muchos no imaginan que puede estar pasando una crisis.

Cómo cambiar esta dinámica

No se trata de dejar de lado a los demás, sino de pretender que las relaciones sean de ida y vuelta, recíprocas. Hablar de la vida, de las experiencias propias, pedir ayuda en pequeños asuntos o admitir que se siente cansado son formas de romper el papel de persona fuerte permanente.

Es fundamental revisar quienes responden cuando se les abre la puerta a una relación equilibrada. Algunos pueden adaptarse y empezar a cuidar a los demás, pero hay otros que sólo se prestan a recibir apoyo. 

La psicología recuerda que la intimidad no se construye únicamente escuchando a los demás, sino también dejando que otros conozcan las propias partes vulnerables. Porque una amistad verdadera no debería sostenerse solo en estar disponible para todos, sino también en poder llamar cuando uno ya no puede más.