Todo comienza con el desgaste previo. A lo largo del último año, la situación laboral ha ido cambiando drásticamente. Según el Employee Experience Report 2025 de Nailted, elaborado con encuestas a más de 32.000 trabajadores de 126 empresas españolas, la rotación laboral subió hasta el 24,1%.
El compromiso, mientras tanto, fue en dirección contraria. ¿Y a qué se debe? Pues bien, está claro: el indicador que mide la lealtad cayó considerablemente en apenas doce meses, y casi uno de cada cinco encuestados reconoce trabajar habitualmente bajo un nivel de estrés elevado. Sí, un contexto que empuja inevitablemente a buscar una salida.
Con todo, llega el momento en el que tomar la decisión de marcharse y dejar un trabajo casi nunca es un proceso limpio. Justo en el instante de aceptar la nueva oferta, se le suele añadir una mochila de culpa, la sensación de abandonar al equipo en mitad del proyecto y el miedo a quedar mal con quien un día confió en ti.
Esa pena, según explica el psicólogo y orientador laboral Francisco Fernández Yuste, es uno de los frenos más caros para una carrera. Ante esto, el experto lo ha planteado sin rodeos en uno de sus últimos vídeos: “Que no, que no te dé pena irte de tu empresa”. Ahora bien, este apego excesivo en el momento de la renuncia nace de un error de cálculo. Mucha gente da por hecho que la empresa no funcionará sin ella cuando, desgraciadamente, la realidad suele ser bastante más prosaica.
A tener en cuenta
Pero, ¿qué sucede una vez que ya hemos hecho las maletas? En los días, semanas y meses posteriores a la salida, el especialista avisa de que se desencadenan tres reacciones cronológicas. La primera, a corto plazo, es la más amable: “Habrá gente que te eche de menos y se acuerde de ti”, ha señalado.
Con el avance de las semanas, llega la segunda etapa, que es la que más cuesta asumir. “La mayor parte de la gente se acabará olvidando de ti pasado unas semanas o incluso meses”, afirma. Y, finalmente, a largo plazo, aparece la tercera que tiene poco de halagüeña. “Luego habrá gente que te critique, que aprovecha el hecho de que te marches para hablar cosas bastante feas de ti”.
Y, nada más lejos de la realidad, ninguna de estas tres respuestas es razón suficiente para quedarse donde uno ya no quiere estar. La maquinaria sigue. “Así que si tienes una nueva oportunidad, que no te dé pena tu empresa actual, piensa en ti y mira por tu proyecto, porque de verdad no eres irreemplazable, probablemente te sustituyan por otra persona”, zanja de manera contundente.
Si una de cada cuatro personas cambió de empleo el año pasado, irse se ha vuelto lo habitual. Para el psicólogo, el verdadero error rara vez está en dar el paso, sino en aguantar por temor a lo que dirán los demás una vez que crucemos la puerta. “Mucha gente te olvidará y otra te criticará a la espalda”, remata.

