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Una jubilada de 87 años vive “sin preocupaciones” con una pensión de 2.184 euros, pero no le han contabilizado 5 años de trabajo

Sus cinco años cotizados en un supermercado no se reflejan en la pensión por las reglas del sistema de reparto y la viudedad.

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Mujer jubilada |Envato
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:
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Liliane Bervoets, una jubilada belga de 87 años, disfruta hoy de lo que ella misma define como una vejez “sin preocupaciones” gracias a una pensión mensual de 2.184 euros. Sin embargo, mantiene una queja que comparten miles de pensionistas europeos, y es que los cinco años que trabajó como cajera, durante los cuales cotizó, no mejoran su prestación. “He trabajado y he contribuido pero no recibo nada por ello”, lamenta.

El caso, recogido por el diario belga Het Laatste Nieuws, pone el foco en el funcionamiento del sistema de reparto, predominante en la mayor parte de Europa. A diferencia de los modelos de capitalización en los que cada trabajador acumula un fondo propio, en el sistema de reparto las cotizaciones actuales financian directamente las pensiones vigentes. Es decir, no existe una “hucha individual” que garantice una correspondencia exacta entre lo aportado y lo recibido.

Cotizar no siempre se traduce en cobrar más en el sistema belga

Bervoets nació en 1938 en la localidad flamenca de Burcht y vivió la caída de las bombas V en su aldea, lo que la obligó a abandonar sus estudios para ayudar en el negocio familiar debido a la invalidez de su padre. Tras casarse en 1958, Liliane compaginó su vida familiar con cinco años de trabajo en Carrefour. Después su vida laboral se completó con una amplia carrera política local, que incluyó 18 años como concejal y cinco como edil.

Tras la muerte de su marido en 2017, pasó a percibir un pensión de viudedad, principal fuente de sus ingresos actuales. Este tipo de prestación se calcula, en Bélgica, en función de la carrera laboral y el salario del cónyuge fallecido, no tanto del historial propio del beneficiario. De ahí que los años cotizados por la propia Liliane tengan un impacto reducido o, en ciertos casos, queden absorbidos por los topes y reglas de compatibilidad del sistema.

Sin embargo, la alegría inicial de Liliane al conocer cuánto iba a cobrar de pensión duró poco. Poco después, el servicio de pensiones le notificó que le aplicarían una retención de 350 euros para evitar una carga fiscal elevada. Además, le descontaron otros 100 euros relacionados con sus cinco años trabajando como cajera.

El economista laboral Stijn Baert, profesor en la Universidad de Gante, pone contexto a esta situación: “Las cotizaciones que se realizan durante la vida laboral no se guardan para el futuro propio, sino que financian a los pensionistas del momento”. Así, subraya que “no es ninguna sorpresa” que no todas las cotizaciones individuales se traduzcan en incrementos directos de la pensión final, especialmente cuando entran en juego prestaciones derivadas como la de viudedad, como en el caso de Liliane.

Además, el experto destaca los límites a la acumulación de ingresos. “El sistema establece umbrales que impiden sumar íntegramente distintas prestaciones”, explica. Esto implica que, aunque una persona haya generado derechos por distintas vías, el resultado final puede verse recortado para ajustarse a esos topes.

El caso también subraya a importancia de los denominados segundo y tercer pilar del sistema de pensiones: planes de empresa y ahorro privado, que funcionan bajo esquemas de capitalización. Según el economista, la ausencia de este tipo de previsión complementaria puede limitar las opciones económicas en la jubilación. Aunque en el caso de Bervoets su situación patrimonial en la que vive sin pagar alquiler, mitiga ese impacto. Pese a su queja, la protagonista relativiza su situación. “Tengo suerte, vivo bien”, reconoce. 

España mantiene el modelo de reparto, pero con mayor vínculo entre cotización y prestación

En España, el sistema de pensiones comparte con el belga su naturaleza de modelo de reparto, lo que implica que las cotizaciones de los trabajadores actuales financian directamente las prestaciones de los jubilados. Sin embargo, a diferencia de lo que percibe Liliane, en el caso español sí existe una relación más visible entre los años cotizados y la cuantía de la pensión, ya que esta se calcula en función de las bases de cotización y del número de años trabajados. No obstante, aquí también hay límites: para acceder al 100% de la pensión se exige un periodo mínimo de cotización, que en 2026 se sitúa en torno a los 36 años y medio, y carreras laborales muy cortas pueden tener un impacto reducido en el resultado final.

Además, el sistema español contempla prestaciones como la pensión de viudedad, que, al igual que en Bélgica, se calcula principalmente a partir de la carrera del cónyuge fallecido. Esto puede generar situaciones similares a la de Bervoets: los años cotizados por el beneficiario tienen un peso menor si predominan los derechos derivados del cónyuge y si entran en juego topes o reglas de compatibilidad.

En la práctica, esto quiere decir que, aunque hayas cotizado durante años, ese esfuerzo no siempre se traduce de forma clara en lo que cobras después. El sistema funciona como un fondo común. Todos aportan y de ahí se pagan las pensiones, por lo que no existe una relación exacta entre lo que cada uno pone y lo que recibe. Así, parte de lo cotizado puede acabar teniendo un efecto menos visible en lo que cobras, porque el objetivo principal es garantizar ingresos a todos los jubilados, no devolver a cada persona exactamente lo que aportó.