La crisis habitacional que vive España, con el precio de la vivienda sin parar de subir y los alquileres cada vez más altos, es un problema que afecta ya a prácticamente todo el mundo. Solo hay que ver como algunos jubilados tienen que compartir piso porque no les da con su pensión para pagar el alquiler o una casa para ellos solos.
Este problema está llevando también a muchas personas a buscar alternativas cada veraz más dispares y a la vez más extremas, desde un padre que se va a vivir a una caravana con su bebé de 3 meses, hasta una familia que se va a vivir con sus 4 hijos al bosque. También de esa desesperación y situación límite, nacen algunas iniciativas realmente inspiradoras que intentan suplir la poca y cara vivienda que hay actualmente en las ciudades españolas. Así, a Javier Cascón, un joven de solo 28 años, se le ha ocurrido invertir todos sus ahorros en dar un techo digno a quienes no tienen nada.
En una reciente entrevista concedida al diario La Vanguardia, este joven residente en Guadalajara repasó cómo ha ido creciendo su proyecto social, el cual coordina mano a mano junto a su esposa María. "En lo personal, cuando adquirí mi segundo piso, en 2024, estaba comprometido; hoy ya estoy casado. María, mi mujer y yo, llevamos un año y medio de matrimonio y tenemos un bebé de siete meses", relató Javier para contextualizar su salto a la madurez.
Tuvo que pluriemplearse y otros propietarios se solidarizaron
Para conseguir pagar las primeras hipotecas y el mantenimiento de los inmuebles, que no era precisamente barato, tuvo que pluriemplearse. "Estos años he hecho de todo. Llegué a tener varios trabajos a la vez: celador en un hospital, en bares y restaurantes, redes sociales, auxiliar administrativo, repartiendo publicidad…", confesó, aclarando que destinan todo el dinero de sus empleos al proyecto, mientras mantienen a su familia únicamente con el salario de enfermera de su mujer.
Gracias a que su proyecto se empezó a hacer famoso consiguió atraer a otros propietarios solidarios que querían colaborar dando facilidades a las familias ofreciéndoles precios muy bajos de alquiler. "En el caso de Barcelona, el propietario nos deja un piso por 139,15 euros al mes, un precio que permite que la persona que vive allí empiece su proceso de reinserción", detalló el joven, evidenciando que estas tarifas simbólicas suponen un auténtico salvavidas en el mercado actual. En total, su red alcanza ya los seis pisos (cuatro propios y dos cedidos) repartidos entre Madrid, Valencia y la capital catalana.
Todo eso le llevó a no necesitar más favores
Pero como el proyecto tenía mucho éxito, cada vez eran más los solicitantes y no les quedó más remedio que tener que seleccionar a los inquilinos. "A veces nos han llegado casos complejísimos, como familias de cinco personas viviendo en un trastero, con cuatro menores y un adulto", lamentó, asumiendo la inmensa responsabilidad de tener que filtrar las urgencias. "Es imposible, no hay ni una habitación donde puedan caber todos, y no tiene sentido que vivan así, ni en un trastero, ni en una habitación", sentenció con evidente indignación.
Ya que ofrecer un hogar temporal es solo un primer paso, Javier insistió en que el objetivo real es devolverles la plena autonomía financiera. "Nuestro objetivo es que estos pisos sean un trampolín, para que las personas puedan salir lo antes posible de la situación en la que se encuentran", defendió con orgullo. Por lo que, para cerrar su proyecto social, la pareja decidió impulsar sus propios negocios contratando como empleados directamente a sus inquilinos. "Como el empleo es clave para su integración, hemos puesto en marcha un par de iniciativas propias para generarlo también: un quiosco de prensa en el Paseo de las Acacias 37, en Madrid, y un fotomatón que llevamos a bodas", termina el joven propietario.

