Varios jubilados mayores de 80 años hablan claro sobre el trabajo: “El dinero no hace una gran diferencia, el mayor error es ser víctima de tus excusas”

Renunciar a la mentalidad de víctima, no dejarse llevar por las presiones corporativas y escuchar nuestra intuición son los mayores consejos detrás de estas historias sobre la verdadera búsqueda de propósito.

Jubilada entrevistada por William Rossy |Sprouth
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Los jubilados son personas que, si en algo aportan valor, es en su experiencia tanto personal como laboral, así como en saber cuáles son las verdaderas prioridades. Ellos mismos afirman que lo que a los 25 años puede parecer una carrera de éxitos y dinero, a los 70 años y ya en la jubilación, puede demostrar no haber sido una buena decisión, transformándose en un arrepentimiento.

William Rossy (del canal de YouTube ‘Sprouht’) ha salido a la calle para preguntar a jubilados mayores de 80 años sus mayores arrepentimientos en el trabajo, así como lograr un equilibrio entre la necesidad de ganar dinero y ser feliz en el trabajo que realizamos. Las respuestas de estos mayores nos recuerdan que las 90.000 horas que pasamos de media trabajando a lo largo de nuestra vida laboral son demasiado valiosas como para desperdiciarlas en algo en lo que no somos felices.

Uno de los mayores errores que cometemos cuando somos jóvenes es que pensamos que tener dinero o un estatus que nos dé esa “libertad financiera” es la felicidad, y no es así. “Fui pobre durante mucho tiempo”, relata un jubilado asegurando que fue igual de feliz que cuando levantó su propio negocio como autónomo.

“El dinero realmente no hace una gran diferencia. Creo que tienes que pararte en silencio y preguntarte qué es importante para ti (...) te alejas de una definición tan estrecha como 'quiero ganar más dinero'”, señala.

Pero el dinero no es lo único, pues el pensar que la seguridad absoluta se encuentra en un empleo “seguro o fijo” o encajar dentro de lo que dicta la sociedad puede ser otro de los mayores errores. En este sentido, un jubilado que fue exempt (empleado exento) cuenta que, a pesar de cumplir con todas las expectativas de ese “juego corporativo” y ascender velozmente en una empresa global, nunca llegó a sentirse feliz, así como tampoco dueño de su propia vida. De hecho, cuenta que cuando su mujer se quedó embarazada y estaba de siete meses, lo despidieron de la noche a la mañana. A pesar del varapalo que suponía quedarse sin empleo y a la espera de ser padre, él estaba feliz y por un motivo muy concreto: “me sentía libre”.

La pasión o la trampa del trabajo

Hacerse mayor con sabiduría y paz mental implica asumir los errores de nuestra propia historia. Otro de los jubilados explica lo peligroso que puede llegar a ser obsesionarse con lo que salió mal hasta convertirse en un mártir. Quienes siempre tienen esa actitud de víctima y derrotista nunca son felices, porque “nunca han asumido una verdadera rendición de cuentas sobre sí mismos” y prefieren culpar a los demás de su suerte, construyendo excusas fáciles para justificar lo que no intentaron o no lograron.

Aconsejan no confiar en las nuevas trampas modernas tales como “encontrar tu pasión” en el trabajo y convertirla en un medio de vida, algo en lo que también coincide coincide Mimi Olivan, coach laboral.

Un abogado fiscal ahora jubilado rechaza este dogma y propone que en su lugar busquemos la "maestría". Según su punto de vista, ser excelente en algo técnico y dominar una profesión te permite vivir muy bien y eliminar el estrés económico de tu familia, lo que, a su vez, te dará la libertad para desplegar tu verdadera pasión en otros ámbitos (como el voluntariado) sin la necesidad de sufrir esa angustia por el dinero.

Pero ¿qué pasa si no lo consigues o te equivocas? Pues como bien dice este jubilado: “Si fracasas, no eres un fracasado”. Los errores forman parte de la vida y son una información valiosa y pura que nos enseña a corregir el rumbo. Pero la realidad es que mucha gente abandona por el miedo al qué dirán, rindiéndose justo cuando se encontraban “a tres pulgadas del oro”.

Las entrevistas dejan una conclusión clara: que la felicidad no viene del reconocimiento, pues “solo dura un suspiro”, ni del dinero que puedas llegar a ganar, sino de la “capacidad de despertarse todos y cada uno de los días entusiasmado por lo que vas a hacer”.

La entrevista termina con una frase de un jubilado para enmarcar: “Todos somos actores en una obra en particular. Si eres la estrella de tu obra, tú decides cómo termina esta historia [...] sigue a tu corazón, usa tu cabeza y escucha a tu estómago. Te está diciendo lo que realmente quieres hacer”.

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