Un jubilado de 80 años llamado Yves Turc Gavet, es el único habitante de una pequeña aldea en Los Alpes, a 1.600 metros sobre el nivel del mar. Vive con las ventanas siempre abiertas, a pesar del frío y la nieve o de las avalanchas que pueden mantenerle aislado durante casi todo el invierno. Con una extensa vida laboral a sus espaldas en la que ha sido político (concejal en el Ayuntamiento de Saint-Christophe-en-Oisans) y ha trabajado en estaciones de esquí, ahora es el momento de cobrar su pensión de jubilación y dedicarse a lo que le gusta: el campo.
Los 99 vecinos del pueblo le conocen de sobra ya que es el único residente en Champhorent, una aldea en el valle del Véneon, el los Alpes. A menudo está incomunicado porque la única carretera que le une con el pueblo, suele cubrirse de nieve.
Como explica en una entrevista para ‘Mon séjour en Montagne’ la última gran tormenta la vivió hace poco. “Me dejó aislado durante 15 días, fue a finales de febrero. Mis vecinos, que sólo están aquí durante las vacaciones de los niños o los fines de semana,fueron evacuados en helicóptero porque tenían que ir a trabajar”.
Y aunque a él le dieron la oportunidad de marcharse con ellos, “me quedé. Me recuerda a cuando era pequeño, una vez la carretera estuvo cerrada durante todos los meses de invierno y el cartero seguía trabajando, pero traía las cartas en esquís”.
“No me planteo irme a ningún sitio”
En el valle donde vive su apellido ‘Turc’ es muy conocido porque sus abuelos y bisabuelos fueron trabajadores de montaña. Es decir, que tenían puestos relacionados con ese entorno, como porteadores, fotógrafos o guías. Cuando era joven, decidió trabajar también en algo relacionado con la nieve y entró en la plantilla de varias estaciones de esquí en Oisans.
“Hace 20 años, cuando me jubilé, dejé el sitio donde vivía para trasladarme a esta aldea y no me planteo marcharme, simplemente me encanta estar en la montaña y tener mi espacio. Me iré cuando no pueda caminar”.
Para autoabastecerse tiene su propio huerto y una enorme caja de herramientas para solucionar las chapuzas que aparecen en su casa de vez en cuando. “La casa la he hecho yo mismo, y poco después le puse un granero”. Aunque tiene chimenea, a veces pone la calefacción eléctrica. “Nunca tengo frío”, reconoce. Una vez a la semana tiene que ir al supermercado, que está a unos 20 kilómetros.
Recibe visitas durante todo el año
Aunque pudiera parecer que se aburre, la realidad es que nunca está solo. Tiene un perro y tres gatos y sus vecinos que aunque no viven allí, sí van en vacaciones y los fines de semana. Además, un empleado municipal que ya es su amigo le visita con frecuencia.
Con él recuerda cómo, en 1977 entró en política como concejal y permaneció mucho tiempo. Hace sólo seis años, decidió dejarlo “para dar paso a los jóvenes”. Quedan cosas por hacer, entre ellas, la reconstrucción del pueblo “me preocupa que no se haga lo necesario”.