Roberto Carlos, exfutbolista: “Con 11 años trabajaba de 6 a 10 de la mañana en una fábrica de ropa. Después mi padre me llevaba en bicicleta a los entrenamientos”

El mítico exfutbolista brasileño recuerda cómo ganó su primer sueldo y los valores que le inculcaron en su familia.

El exjugador del Real Madrid y de la selección de Brasil, Roberto Carlos |Gustavo Valiente / Europa Press
Fecha de actualización:

Las grandes leyendas del deporte mundial suelen tener historias de muchos sacrificio personal en sus orígenes, tanto suyo como sobre todo de sus familias, que son las que tienen que llevarlos a los partidos, entrenamientos y campeonatos cuando son niños y no tienen vehículo ni recursos. Pero, además de sus familias, los propios deportistas de élite tienen que ponerse a trabajar cuando llegan a la adolescencia o más edad hasta que pueden vivir del deporte que practican, como le ocurrió a Roberto Carlos. 

El exfutbolista brasileño, Roberto Carlos, reconocido internacionalmente como uno de los mejores laterales izquierdos de la historia y figura clave del Real Madrid, es un ejemplo de esfuerzo tanto suyo como de su familia para llegar a conseguir todos los éxitos que acabó alcanzando. A pesar de que la vida de un futbolista cuando ya es profesional y juega en un equipo grande pueda parecer que está llena de lujos y privilegios, muchos de ellos tuvieron que empezar desde lo más bajo, sin ventajas ninguna.

Se crió entre máquinas de coser y pegado a un balón de fútbol

Durante una reciente entrevista en el pódcast El cafelito de Josep Pedrerol, el exjugador se sinceró sobre los enormes obstáculos que tuvo que superar en Brasil. "Con 11 años trabajaba con mi padre de 6 a 10 de la mañana en una fábrica de ropa", rememoró Roberto Carlos. Esta dura realidad le obligó a abandonar los estudios tradicionales a una edad muy temprana para poder compaginar sus obligaciones en la empresa textil con su incipiente pasión por el deporte.

La rutina diaria que soportaba siendo apenas un niño resulta casi inimaginable hoy en día, y la figura de su padre fue absolutamente fundamental para que pudiera cumplir sus sueños. "Mi padre me llevaba de bicicleta. Yo hacía el trabajo de la mañana, de 6 a 10, porque si no, no me daba tiempo a entrenar", detalló el campeón del mundo. El escaso tiempo libre lo pasaban cruzando la ciudad a pedales. "Pasábamos en la panadería con la bicicleta. Comprábamos un sándwich para quitar el hambre. Entrenaba de 4 a 5:30, volvía [...] y trabajaba de 6 a las 10 de la noche", relató, confirmando que esta agotadora dinámica se prolongó durante al menos tres años.

Cómo ganó su primer sueldo

Como tenían que hacer un gran esfuerzo por él, su familia se ocupaba también de que Roberto lo supiera, no lo olvidara y siguiera con los pies en la tierra a pesar de los éxitos que empezaba a conseguir. "Mi padre me ha enseñado a crecer con la simplicidad", afirmó el exfutbolista, destacando los valores de discreción y esfuerzo que le inculcaron. Esta manera tan humilde de entender la vida se reflejó perfectamente cuando el joven lateral empezó a ganar sus primeros ingresos importantes en el fútbol profesional.

Cualquier futbolista, cuando llega a la élite, empieza a gastar el dinero en grandes mansiones, coches de alta gama y otros lujos que la mayoría de gente no se puede permitir. Roberto Carlos, sin embargo, decidió invertir su primer sueldo en mejorar la vida de sus padres con electrodomésticos y cosas que necesitaban en casa, que aunque puedan parecer básicas aún no tenían. "Compré una lavadora para mi madre, que hasta entonces lavaba a mano, y una bicicleta para mi padre. Mira la locura. Una bicicleta, no un coche", recordó.

A pesar de que empezó a tener éxito, Roberto siguió con los pies en la tierra y con el mismo nivel de exigencia, que muchas veces venía de su padre ya que se encargaba de pedirle más y más a pesar de que ya jugaba bien y ganaba títulos. "Mi padre nunca me ha dejado relajarme. Cuanto más conseguía jugar bien, cuanto más títulos ganaba, más me pedía", reconoció el brasileño sobre la actitud de su padre con él.

El salto a Europa sin olvidar sus raíces

Como era tan bueno jugando al fútbol y ya era pretendido por muchos equipos europeos y de su país, Roberto Carlos tuvo que irse de casa teniendo solo 13 años para jugar en el União São João. De ese equipo pasó al Palmeiras, donde destacó rápidamente también y tuvo una progresión tan rápida que al poco tiempo ya estaba jugando en Europa, donde lo fichó el Inter de Milán, antes de irse al Real Madrid, donde construyó una gran historia y es recordado para toda la vida por los 527 partidos que jugó en el equipo blanco, en los que levantó tres Champions League durante 11 temporadas.

A pesar de que compartió vestuario con los mejores jugadores del mundo, el lateral confesó que en sus inicios tuvo que luchar contra una profunda introversión y que no hablaba con mucha gente ni tenía demasiados amigos. "Yo siempre he sido muy tímido", admitió sobre su llegada a la élite. Sin embargo, la fama mundial que alcanzó nunca le hizo olvidar de donde venía, sus orígenes, su familia y dónde se crió. "Mucha gente piensa que cuando llegas al máximo del fútbol te olvidas de tu infancia. Pero yo no me olvido", dijo para terminar.

Archivado en

Otras noticias interesantes

Lo más leído

Últimas noticias