Hortensia, exmonja de clausura: "Es una mafia lo que hay detrás, estamos dejando por santos a los nazis"

Tras pasar más de 20 años encerrada en conventos, Hortensia ha denunciado las situaciones a las que se enfrentó: graves maltratos físicos, manipulación psicológica y desatención médica bajo el amparo de la Iglesia.

Hortensia, exmonja de clausura: "Es una mafia lo que hay detrás, estamos dejando por santos a los nazis" |Juange Diánez.
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"Yo creía que entraba en un convento católico y resulta que me vi atrapada en una deriva sectaria”; así narra Hortensia su experiencia a Juanje Diánez. Tras dedicar más de dos décadas a la vida contemplativa, esta exmonja ha denunciado los abusos que, asegura, ocurren tras los muros de algunos monasterios en España. El control absoluto, la violencia y desamparo total de las demás monjas fueron algunas de las situaciones extremas que la llevó al límite de sus fuerzas.

Hortensia explica que la vida de clausura original no tiene nada que ver con lo que ella sufrió. En su primer convento, la superiora era la que tenía todo el poder y ejercía una auténtica dictadura sobre las internas. 

Asegura que el control sobre las monjas rozaba lo ilegal: la priora vigilaba las cartas, escuchaba las llamadas telefónicas con las familias e incluso exigía saber qué confesaban los miembros de la comunidad ante el sacerdote.

Sin embargo, lo más duro, detalla, es que llegó a sufrir maltratos físicos y psicológicos por parte de sus compañeras: llegaron a pegarle dentro del monasterio, la obligaban a comer cada dos o tres días y, cuando cayó enferma derivado de fuertes crisis de ansiedad, se le negó ir al psicólogo acusándola de "falta de virtud".

Pero estas situaciones no eran lo único. Hortensia tuvo que pelearse a gritos con la priora para salvar la vida de Laura, una compañera que se había desmayado en su celda. La superiora, quien se negaba a llamar a una ambulancia, alegó que la mujer "tenía que morir en clausura". "Siempre te dicen que tienes que cargar con la cruz de Cristo, y con esa excusa se favorece el maltrato", denuncia Hortensia.

La crisis de la vida en los conventos del siglo XXI

La denuncia de Hortensia coincide con un momento de decadencia para la Iglesia católica en España, donde la vida religiosa está cambiando completamente. Los datos oficiales confirman que los conventos se están quedando vacíos de forma muy rápida. Se calcula que en el país quedan poco más de 6.000 monjas de clausura activas. Una cifra que contrasta con las 10.000 que había hace diez años, una caída de casi el 30%. 

A ello se le suma un problema más, la edad de las religiosas, la cual supera ya los 75 años. Al no entrar jóvenes, muchos conventos optan por traer novicios de América Latina, África o Asia. Si un monasterio se queda con menos de 5 o 6 miembros, el Vaticano le obliga a cerrar las puertas de inmediato.

Según el CIS, los españoles que se declaran católicos han bajado del 90% en los años 70 a apenas el 54% hoy en día. Además, solo un 16% es católico practicante y va a misa, mientras que los ateos y agnósticos ya rozan el 41% de la población.

Sin cotizar y desamparadas al salir a la calle

Salir del convento tras 20 años de encierro fue un choque brutal para Hortensia. Al volver a la sociedad, se dio cuenta de que el mundo había cambiado por completo: la moneda oficial ya no era la peseta sino el euro, no sabía utilizar un teléfono móvil ni un ordenador, y había olvidado cómo moverse por la calle o utilizar el autobús.

Para colmo, la Iglesia le dio la espalda económicamente. Aunque las órdenes religiosas están obligadas por ley a pagar la Seguridad Social de las monjas, en su último convento la engañaron para firmar una baja falsa. Como consecuencia, de sus 21 años de servicio solo tiene 10 años cotizados para su futura jubilación.

Para superar la profunda depresión que le quedó al salir, Hortensia se aferró a la fe a su manera, llegó a rezar concentrándose mientras jugaba al videojuego Candy Crush, y fundó la asociación "Extramuros" para ayudar a otras personas que abandonan la vida consagrada. Su valentía ha tenido un reconocimiento inesperado: el propio Papa Francisco le envió una carta escrita de su puño y letra dándole las gracias por su labor. "La felicidad es poder vivir tu libertad, porque Dios nos ha hecho libres por esencia", concluye.

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