El filósofo, escritor y profesor Carlos Blanco ha roto con las ideas tradicionales sobre la religión para defender el poder de la mente humana. En una entrevista para el programa Vidas Ajenas en la Universidad de Comillas, Blanco presentó su libro Dios: de lo racional a lo divino con un objetivo claro: contagiar a los ciudadanos las ganas de aprender.
El pensador explicó sin rodeos que Dios no debe verse como una respuesta cerrada que nadie puede criticar, sino como un motor que nos invita a hacernos preguntas todos los días.
Dios es una pregunta, no una respuesta
Blanco, que se define como agnóstico frente a los dogmas de siempre, asegura que es imposible demostrar científicamente si Dios existe o no. Por eso, propone cambiar el chip y centrarse en la curiosidad. "Dios como pregunta, no como respuesta; es decir, Dios es ese signo de interrogación perenne", afirmó el autor. Para el profesor, no conformarse con lo que ya sabemos es algo sano porque nos obliga a ir más allá de lo evidente.
El filósofo también habló del papel de la ciencia en nuestra vida. Aunque aplaude los grandes éxitos de la humanidad al descubrir cómo funciona el universo, lanza un aviso contra la soberbia de creer que ya lo sabemos todo. "Nadie se puede atrever a decir que la mente humana hoy ha conquistado ya el conocimiento absoluto, qué ingenuidad", sentenció Blanco.
Estudiar lo que nos gusta siempre sirve para algo
En un momento donde la sociedad y la economía solo valoran las carreras que dan dinero rápido, Carlos Blanco hizo una defensa firme de las letras y las humanidades. El profesor criticó con dureza que el mercado laboral decida si un estudio es útil o no, y recordó las ideas del pensador Nuccio Ordine para rechazar que existan materias inservibles.
"Ningún conocimiento es inútil, el conocimiento siempre es útil; o sea, saber es siempre mejor que no saber", aseguró de forma tajante. Para Blanco, abrir la mente y aprender es un derecho que tiene cualquier ciudadano, por encima de los intereses de las empresas.
Al final de su charla, el filósofo mandó un mensaje de ánimo a todas las personas que se sienten perdidas o agobiadas buscando un sentido a su día a día. Nos invitó a perder el miedo a las grandes dudas de la vida y a disfrutar de la ciencia y del arte al mismo tiempo. Su conclusión fue directa y llena de optimismo: lo mejor que puede hacer una sociedad es buscar la verdad, crear cosas nuevas y amar el conocimiento.