Las residencias privadas en España se han convertido en prohibitivas para miles de familias. Según los últimos datos de la Seguridad Social, la pensión de viudedad media se sitúa en los 975,7 euros, mientras que una plaza privada en una residencia cuesta de media 2.118 euros mensuales, según el último informe de Inforesidencias, llegando a superar los 3.000 euros en algunos centros. De esta forma, las cuentas no salen para muchos jubilados y viudas.
Así lo cuenta Isabel, una pensionista de 84 años conocida en TikTok como @nonna.isa, donde cuenta a sus miles de seguidores cómo es su día a día en una residencia. La primera pregunta es obvia, por qué no está en una residencia pública, a lo que responde que es muy difícil entrar. “Yo no soy una ricachona. No he tenido más remedio que coger esta residencia porque no es fácil entrar en una residencia oficial”.
Razón no le falta, pues según el último informe de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, con datos oficiales del SAAD, en España hay un total de 32.842 personas con dependencia severa y 15.686 grandes dependientes en lista de espera, a los que hay que sumar otras 57.000 que están pendientes de valoración. La entidad estima que faltan unas 97.000 plazas para alcanzar el ratio recomendado del 5%, un déficit que se multiplica desde hace 12 años.
La explicación es simple: España tiene una pirámide demográfica envejecida, pues entre los años 2021 y 2025 la población mayor de 65 años ha ido creciendo en más de 800.000 personas, frente a apenas 23.075 plazas nuevas.
Por eso, muchas viudas, como en el caso de Isabel, tuvieron que optar por la vía más rápida, que era pagando. “Mi situación era urgente y mis hijos y yo tuvimos que optar por esta opción” relata. Ahora añade que la “paga con mucho sacrificio” y siempre “dentro de unos límites tiene también sus inconvenientes”.
“Yo tuve que entrar en una residencia prácticamente por urgencias, entonces era la única oportunidad que se me ofrecía y entré por la vía privada y eso conlleva esas cantidades un poquito más grandes”, explica.
La pensión de viudedad no paga el coste de una residencia
La diferencia entre ambas es que, en la residencia pública o concertada, el residente aporta entre el 75% y el 90% de su pensión, mientas que en la privada se paga la totalidad.
“No pago tanto como en principio parece, pero pago una buena cantidad” señala. Sobre como la paga explica que lo hace aportando su pensión de viudedad que le dejó su marido y además, con el dinero que obtiene con el alquiler de su vivienda.
“Es una residencia en la que estoy muy bien atendida, las necesidades más básicas solucionadas y luego, por mi parte procuro hacerlo lo más acogedora posible por mis actividades y por mi forma de ser, pero no deja de ser una residencia normal”, relata.
Sobre la diferencia entre una pública y una privada, señala que son “pequeños detalles”, pero asume que es un negocio que “hay que pagarlo”.
Tener una cuidadora es "prohibitivo"
Ir a una residencia no fue su primera opción. Explica que inicialmente tenía en la cabeza contratar a una persona que la cuidara en casa, es decir, una interna, pero afirma que eso para ella era prohibitivo. Por eso opto por la residencia.
Insiste en que su trayectoria ha sido la de una trabajadora más. “Mi estatus no ha sido de rica; mi marido y yo hemos sido trabajadores un poquito agraciados, pero nos ha gustado vivir y viajar y hemos gastado mucho dinero también y ahora me mantengo, sobrevivo. El mañana ya se verá”, cuenta.
Su valoración sobre estar en una residencia es positiva. ”Estamos estupendamente y atendidos 24 horas, cualquier cosa que nos pase estamos controlados, nos ayudan, nos dan la comida personalizada, hacemos lo que queremos, tenemos todo tipo de entretenimientos, hacemos excursiones”, detalla.
Ahora, solo pone una pega y es que tiene poca libertad en los horarios, pero afirma que tiene “una vida muy libre dentro de mis limitaciones y no podría ir a otra”.

