Con el verano y las altas temperaturas, las piscinas privadas han pasado de ser un lujo doméstico a convertirse también en una pequeña oportunidad de negocio. De hecho, plataformas como Cocopool permiten alquilarlas por horas, conectando a propietarios de piscinas privadas con usuarios que buscan darse un baño y, a su vez, sirve para compensar parte de los gastos de mantenimiento.
Es el caso de Vanesa Sánchez, que lleva dos veranos alquilando la piscina de su casa en Mora, un municipio de Toledo situado a poco más de una hora de Madrid, y lo hace a través de Cocopool.
Una piscina privada con todo incluido desde 24 euros la hora
La idea surgió de una realidad bastante sencilla, ya que mantener una piscina cuesta dinero y no siempre se aprovecha, por lo que decidió probar este modelo y abrir su jardín a familias, parejas y grupos de amigos que quieren pasar unas horas en un espacio privado. “Hay tardes que no estoy en casa y no la puedo aprovechar y es algo donde invierto muchísimo dinero cada año”, explica, según recoge ‘El Español’.
Además, su parcela tiene acceso independiente a la vivienda y cuenta con piscina, porche, barbacoa, nevera, congelador, wifi, ducha solar, vestuario, baño exterior, mesas, sillas y tumbonas.
En cuanto a los precios, varían según el número de personas. Las tarifas empiezan en 24 euros por hora para grupos de hasta cinco y pueden llegar a 42 euros para reuniones de hasta 20 asistentes. Aunque a simple vista pueda parecer caro, Vanesa defiende que no se trata solo de pagar por un baño, sino que “al final es un recinto privado con todo incluido”, señala.
La privacidad es, precisamente, uno de los grandes atractivos de este servicio. La propietaria recuerda el caso de unas mujeres de origen árabe que alquilaron la piscina para poder bañarse tranquilas, sin la exposición que tienes en una instalación pública. Así, este tipo de demanda muestra que el alquiler por horas no solo responde al calor, sino también a la búsqueda de espacios más cómodos y personalizados.
Cómo funciona la plataforma
El funcionamiento es simple. El usuario envía una solicitud, explica el motivo de la reserva y el anfitrión tiene 24 horas para aceptarla. Después recibe la dirección exacta y las instrucciones de acceso.
En el caso de Vanesa, la entrada es independiente y muchas veces gestiona la llegada a distancia. “Cuando llega la hora de irse, cierran la puerta y listo”, resume.
La propietaria asegura que no se plantea este alquiler como un negocio principal, sino como un ingreso extra para compensar gastos, y asegura que, de momento, la experiencia ha sido buena. “El 95% de todas las reservas terminan ampliando porque están a gusto”, concluye.