La psicología sugiere que limpiar mientras se cocina, en lugar de dejar todo para el final, es característico de este tipo de personas

No es solo una manía doméstica, la forma de gestionar la cocina mientras se prepara la cena revela bastante sobre cómo funciona una persona en otros ámbitos.

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Hay quien acaba de cenar y se encuentra con el fregadero lleno y la encimera invadida. Y hay quien, cuando se sienta a comer, ya tiene la cocina recogida porque ha ido lavando, secando y guardando a medida que cocinaba. La diferencia es mucha, pero no siempre se le ha dado la importancia que merece. La psicología ha identificado en esta segunda opción, la de dejarlo todo recogido, cuatro rasgos de personalidad que aparecen con bastante regularidad.

La psicóloga estadounidense Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford y autora de la teoría de la mentalidad de crecimiento, lleva años estudiando cómo las decisiones cotidianas reflejan estilos cognitivos. La elección entre limpiar poco a poco, conforme se va ensuciando, o dejar todo para el final encaja en lo que la psicología cognitiva llama toma de decisiones por costes futuros frente a comodidad inmediata.

Quien limpia mientras cocina ha calculado, casi sin darse cuenta, que ahorrar quince minutos ahora va a generar cuarenta minutos de trabajo en una hora. La mayoría de las personas hace lo contrario y prefiere acabar antes lo que esté haciendo y sentarse a comer aunque sepa que después tardará mucho más tiempo, debido al cúmulo de platos.

Cuatro rasgos asociados a este perfil

El primero es la planificación operativa. Esta persona descompone tareas grandes en bloques pequeños y asigna a cada bloque su tiempo y su esfuerzo. No improvisa la cena, organiza un proceso.

El segundo, una alta tolerancia al esfuerzo distribuido. Le incomoda más una pila acumulada de cosas pendientes que un esfuerzo continuo y moderado. Prefiere trabajar a ritmo constante que enfrentarse a un pico de exigencia al final.

El tercero, una sensibilidad alta al desorden visual. Cocinar con la encimera limpia la concentra, mientras que el caos acumulado interfiere en su capacidad para pensar con claridad. La psicología ambiental ha documentado este efecto en estudios sobre productividad doméstica y laboral.

El cuarto, y el más curioso, es la proyección mental del yo futuro. Estas personas tienden a tener en cuenta cómo se sentirán al terminar de cenar (cansadas, con sueño, con ganas de no hacer nada) y actúan ahora para ahorrarle problemas a esa versión futura. La habilidad de pensar por anticipado en uno mismo, según la psicología cognitiva, predice mejor la disciplina financiera, la adherencia a objetivos a largo plazo y la regulación emocional que el cociente intelectual.

La importancia del equilibrio

Este perfil, en contra de lo que pueda parecer, no siempre es el más adecuado o positivo. Llevado al extremo deriva en perfeccionismo y dificultad para relajarse en entornos desordenados. Una persona que no soporta cocinar con la encimera mínimamente desordenada puede acabar cargada de tensión doméstica.

La psicología recuerda que el rasgo en sí no es una virtud, sino un patrón. Funciona muy bien en contextos donde la previsión ahorra tiempo y mal en aquellos donde lo importante es soltar el control y disfrutar el proceso.

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