La Inteligencia Artificial ha irrumpido el mercado laboral y sus consecuencias, para muchos expertos, todavía no se han visto del todo. Una de las cuestiones que más preocupa es la destrucción de puestos de trabajo, especialmente en sectores que se pueden automatizar.
Sobre esto ha querido pronunciarse la abogada laboralista Virginia López Bello, advirtiendo de que aunque para muchos es una realidad positiva (por el aparente ahorro de costes), ese escenario puede conllevar igualmente una carga económica. “A quienes estáis deseando que desaparezcan los trabajadores, porque los robots lo harán todo, tengo una mala noticia. Os puede salir exactamente al revés de lo que imagináis, porque si tanto odiáis las paguitas, prepararos para pagarlas”, comienza explicando en un vídeo de su cuenta de Instagram (@tu.abogada.laboralista).
La razón, a su juicio, es que ese escenario “puede acabar llevándonos exactamente al extremo contrario: una sociedad en la que la mayoría de la población cobre sin trabajar”. Según la abogada, si los robots comienzan a sustituir de forma masiva al trabajo humano, desaparecerán trabajadores, pero no personas. Al eliminarse su puesto, esos ex-empleados se habrán quedado sin salario, por lo que necesitan ingresos para vivir.
Ese dinero, apunta, saldrá “de la riqueza que produzcan precisamente esas máquinas”. ¿Por qué? Porque ese gran aumento de producción que se consigue con la automatización de la IA no serviría de nada si no se acompaña de un consumo.
“Si las máquinas producen prácticamente todo, pero la riqueza queda concentrada en quienes poseen esas máquinas, tendremos una sociedad con una capacidad productiva gigantesca y millones de personas sin capacidad de consumo”, explica López Bello, que defiende que se tendrá que “grabar beneficios, capital y actividad automatizada para financiar rentas vitales y servicios públicos”.
“La sociedad tendrá que encontrar una nueva forma de convertir esa productividad en ingresos para las personas”
El avance de la Inteligencia Artificial y la sustitución masiva del trabajo humano por robots plantean, según esta abogada, un escenario de desigualdad similar al de la Revolución Francesa de 1789. López Bello insiste en que la capacidad productiva y la riqueza en manos de unos pocos dueños de la tecnología, mientras se destruyen los salarios de la mayoría, puede romper el pacto social de la misma forma en que ocurrió entonces.
“Y eso no va a suceder, olvidaros, no solo por el riesgo de ruptura de la paz social, sino porque tampoco es económicamente viable”, agrega, reconociendo que “quizá desaparezcan muchos puestos de trabajo, pero las personas seguirán ahí y tendrán que vivir”. Sobre esto, reitera que la sociedad necesita dinero para conseguir “aquello que produzcan los robots”.
“Cuanto más automatizada sea la economía, más importante será decidir quién posee las máquinas, cuánto tributan sus beneficios y cómo se reparte la riqueza que generan”
Este es, para la abogada, el verdadero debate, quien insiste que no se puede eliminar a os trabajadores del tejido económico y social. “Al contrario, habrá que integrar económicamente a millones de personas para que puedan vivir sin trabajar mediante rentas vitales y servicios públicos y serán financiados en buena medida por la riqueza generada por esas máquinas”.
El mensaje es claro: “si las máquinas sustituyen al trabajador como factor de producción, la sociedad tendrá que encontrar una nueva forma de convertir esa productividad en ingresos para las personas”. Y es que, concluye, si bien la tecnología puede cambiar la forma de producir, ese cambio se debe realizar de manera sostenible (una idea que también defiende Bill Gates): “tendremos que aprender también a repartir lo que produce, porque el verdadero debate del futuro no será quién trabajará, será quién será dueño de las máquinas y cómo se repartirá la riqueza que generan”.