Paula, 22 años: “Trabajar en un McDonald’s fue el trauma de mi vida. Salía llorando por la presión”

Asegura que la presión por los tiempos, la falta de formación y el ambiente de trabajo hicieron que acabara llorando al salir de muchos turnos.

Paula, 22 años: “Trabajar en un McDonald’s fue el trauma de mi vida” |TikTok (@paaulaajuraado)
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Empezar a trabajar con 18 años suele ser el primer contacto con el mercado laboral y, para muchas personas, también una experiencia que marca su forma de entender el empleo. Paula Jurado ha contado en sus redes sociales cómo vivió su incorporación a un restaurante de McDonald’s, un trabajo que recuerda como “el trauma” de su vida.

Según explica, decidió buscar empleo nada más cumplir la mayoría de edad porque quería empezar a ganar su propio dinero. Después de entregar currículums en distintos puestos, recibió una llamada del restaurante y lo aceptó con entusiasmo. “Yo estaba supercontenta. Parecía que había entrado en Operación Triunfo”, recuerda.

Sin embargo, asegura que la experiencia cambió rápidamente cuando empezó a trabajar sin haber pasado antes por ningún empleo en hostelería. “Tenía 18 años, acababa de llegar al mundo laboral y nadie me explicó nada”, afirma.

“Tenía que aprender sobre la marcha”

Paula explica que en el restaurante había trabajadores encargados de formar a los nuevos empleados, pero sostiene que no recibió la ayuda que esperaba. Por ejemplo, nadie le indicó dónde podía consultar qué tarea debía hacer en cada turno. “Un día llegué y me quedé parada esperando a que alguien me dijera dónde me tocaba”, relata.

Más tarde descubrió que había un panel donde se indicaba el puesto que correspondía a cada trabajador en cada turno, pero asegura que nadie se lo explicó. Según cuenta, esa falta de formación hizo que sus primeros días fueran mucho más complicados, ya que la reñían por no saber hacer tareas que, según cuenta, nadie le había enseñado.

La presión por cumplir los tiempos

Uno de los aspectos que más le afectó fue la presión por sacar los pedidos con rapidez. Paula asegura que en el restaurante controlaban de manera muy estricta el tiempo de preparación y entrega, lo que le provocaba ansiedad. “Yo no puedo trabajar con tantísima presión porque me agobio y me entran ganas de llorar”, reconoce.

Según cuenta, cualquier pequeño retraso era motivo de reproche, incluso cuando apenas había una diferencia de segundos, y sostiene que esa obsesión podía terminar afectando al propio servicio. “Tanta prisa y luego salían pedidos mal”, critica. Para ella, trabajar bajo ese nivel de vigilancia hacía que cada turno resultara especialmente difícil.

“Yo salía del McDonald’s llorando”

Paula también recuerda algunas situaciones que le hicieron sentirse incómoda. Según relata, en una ocasión un responsable decidió que debía limpiar el suelo del local mientras el restaurante estaba abierto al público y comenzó a llamarla “mopera” delante de los demás. “Yo no me había presentado voluntaria para ser la mopera de nadie”, afirma.

Mientras intentaba encontrar el material de limpieza, asegura que escuchaba cómo la llamaban a gritos desde otra zona del establecimiento. “La mopera no estaba, la mopera estaba agobiada”, resume con ironía.

La joven asegura que la acumulación de tensión terminó afectando a su estado emocional. “Yo salía del McDonald’s llorando. Me iba al vestuario, me quitaba el uniforme y lloraba”, cuenta. De hecho, afirma que en aquel momento “25 trabajadores estaban de baja por depresión y ansiedad”.

Control de los horarios y retrasos de pocos minutos

Otro de los aspectos que critica es el control sobre la hora de entrada, ya que, según explica, cualquier retraso obligaba al trabajador a firmar un documento, aunque fuera de apenas un minuto. Paula asegura que incluso el tiempo empleado en ponerse el uniforme podía acabar contando como retraso.

“A lo mejor tardabas 30 segundos más en cambiarte y ya tenías que firmar un papel”, relata. En su opinión, esa vigilancia contrastaba con el mensaje de compañerismo que la empresa transmitía públicamente. “Eso de que todos somos amigos no era lo que yo viví”, sostiene.

No superó el periodo de prueba

La relación laboral terminó cuando le comunicaron que no había superado el periodo de prueba. Paula considera que la contrataron para cubrir las vacaciones de verano y que, una vez acabada la temporada, dejaron de necesitarla. Según cuenta, acudió a trabajar, se puso el uniforme y después una encargada le comunicó el despido delante de varios clientes.

“Me dijo con una sonrisa que no había pasado el periodo de prueba. Yo le pregunté si era una broma”, recuerda. La joven asegura que empezó a llorar delante de una familia que se encontraba cerca y abandonó el local completamente hundida. Paula cuenta que firmó la documentación que le entregaron, aunque en ese momento no entendía bien lo que significaba no superar el periodo de prueba.

“Para mí era el trabajo de mi vida”, explica. Sin embargo, con el paso del tiempo, su forma de recordar aquella experiencia ha cambiado. Aunque entonces vivió la salida como un fracaso, ahora considera que abandonar ese puesto terminó siendo positivo para ella. “Lo mejor que me pudo pasar fue que me echaran”, asegura. Según explica, aquella experiencia le permitió comprender que no estaba en un lugar en el que quisiera continuar trabajando.

Otros trabajadores comparten experiencias similares

El testimonio de Paula ha llevado a otros usuarios a contar situaciones parecidas. Una usuaria asegura que solo aguantó dos o tres semanas y que también tuvo problemas por la falta de formación. Según explica, la hicieron sentir mal por no saber preparar helados, pese a que nadie le había enseñado antes. También recuerda que no superó el periodo de prueba después de que le reprocharan que no respondía cuando le hablaban, aunque ese día “estaba mala de la garganta” y apenas podía hablar.

Otros comentarios coinciden en señalar la presión por cumplir los tiempos y la actitud de algunos responsables. Una antigua entrenadora reconoce que “los tiempos son lo peor” y otra usuaria asegura que, cuando pedía ayuda, le hablaban “como si fuera tonta”.

Sin embargo, no todas las experiencias fueron negativas. Un usuario cuenta que, en su caso, “las entrenadoras eran las más apañadas de la plantilla”, le ayudaron mucho, y guarda un buen recuerdo de aquella etapa, aunque también le reñían por tardar más en preparar los pedidos.

Las opiniones muestran que las condiciones pueden variar mucho según el restaurante, el equipo y los responsables de cada local. Aunque varios usuarios se sienten identificados con Paula, otros aseguran haber tenido una experiencia positiva trabajando en la cadena.

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