El sector de la hostelería lleva años denunciando las dificultades que están pasando para encontrar talento. Una escasez que, desde el otro lado, apuntan que solo se puede solventar con una mejora de las condiciones laborales. Es precisamente lo que Jesús quería para su equipo, pero le costó el despido.
Cocinero desde hace 10 años, le despidieron el mismo día de Nochebuena “por ser demasiado buen jefe”, tal y como él mismo ha contando en su cuenta de TikTok. En el vídeo, cuenta que, después de “un año durísimo”, por fin había conseguido tener un equipo estable y comprometido, por lo que decidió premiarlos por Navidad.
“Conseguí organizar los turnos para que todo mi equipo tuviera dos días libres, los de siempre, y a mayores pudieran disfrutar del festivo 25 y del día 1”, explica. Así, gracias a cómo organizó los turnos, sus empleados podían librar los dos días que le correspondían de por sí, más esos dos festivos, que son los dos únicos días en los que cierra la empresa. Unos festivos que, destaca, no son recuperables en el convenio de hostelería.
“Imaginaos la felicidad del equipo, conciliar en hostelería y pasar la Navidad con su familia”, cuenta feliz. Sin embargo, el “jefazo” de la cadena de restaurantes no se lo tomó bien.
Despedido el mismo día de Nochebuena
Jesús cuenta que, la mañana del 24 de diciembre, llegó su jefe al local con cara de pocos amigos y le preguntó: “¿Cuántos días se libra aquí esta semana?”. A lo que le dijo: “Los dos de siempre más el festivo, que por convenio no se recupera”.
La respuesta le hizo saltar por los aires, asegurando que “se puso hecho una furia”. “Sois unos caraduras. Pero, ¿quién te ha dado permiso? Os damos la mano y nos cogéis el brazo. Sois el único local del grupo que hace esta vergüenza”, soltó su superior.
Unas palabras que, a Jesús, no le frenaron en absoluto, afirmando que nunca ha sido de callarse. Por eso, le soltó lo siguiente: “Estoy orgulloso de ser el único. Y ojalá el año que viene te lo hagan los demás”.
Ante esto, su superior le indicó que ya estaba “todo hablado” y se marchó. Eran las 10 de la mañana. A pesar del tenso encuentro, este jefe de cocina siguió trabajando hasta alrededor de las 17 horas, una hora más incluso de lo que marcaba su turno. “Para ayudar a mi equipo a limpiar y a dejar todo impecable para el próximo día, está bien a veces hacer estos pequeños sacrificios”, cuenta.
Un sacrificio que no tuvo en cuenta el gerente de la cadena, quien le paró cuando se estaba marchando para ir a cenar con su familia. ¿El motivo? Le entregó su carta de despido disciplinario por supuesto bajo rendimiento.
Una vez más, Jesús no se echó para atrás y decidió impugnar su despido, fallando la justicia a su favor. “Denuncié, admitieron la improcedencia y ahora mismo estoy de vacaciones indefinidas y con un buen dinerito en el bolsillo”, cuenta. Una historia de la que saca una lección: “El karma existe”. Así como la felicidad que generó en sus compañeros: “Imaginaos la felicidad del equipo, conciliar en hostelería y pasar la familia con la Navidad. Hostia”.
El despido por bajo rendimiento, el más difícil de demostrar
Aunque el artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores recoge como causa de despido disciplinario “la disminución continuada y voluntaria en el rendimiento de trabajo normal o pactado”, en muchos casos acaba siendo declarado improcedente.
El motivo es que es difícil demostrar esa bajada de rendimiento, debiendo la empresa justificar y probar detalladamente que el rendimiento se sitúa por debajo de lo normal y exigible, a pesar de haber facilitado al trabajador las condiciones y formaciones necesarias.
Para ello, se pueden presentar registros objetivos y verificables, como puede ser informes de evaluación, estadísticas de productividad o comparativas con el rendimiento de otros empleados. Una justiicación que la mayoría de empresas se salta y que acaba provocando la improcedencia.