Cazadores de ratas, encargados de la pólvora o resucitadores: 20 trabajos que ya no existen

Muchas tareas básicas del hogar como lavar la ropa o enfriar la comida antes necesitaban mano de obra humana, ya que no había máquinas que lo hicieran.

Cazadores de ratas, encargados de la pólvora o resucitadores: 20 trabajos que ya no existen |Business Insider - Eddie Worth/AP
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La tecnología y, sobre todo ahora, la Inteligencia Artificial están cambiando el paradigma laboral a pasos agigantados. El futuro de muchos empleos está en entredicho debido a la rápida evolución que está viviendo el mercado de trabajo. Incluso algunos expertos en IA han pronosticado el fin de muchos puestos de trabajo en un futuro próximo.

Mucho antes de los trabajos actuales, hubo profesiones hoy casi inimaginables que también se han perdido. Por ejemplo, los cazadores de ratas desempeñaron un papel clave durante siglos al eliminar roedores portadores de enfermedades, especialmente en épocas como la peste negra. Su labor era esencial para proteger la salud pública y los alimentos, y aunque hoy existen versiones modernas, el oficio clásico prácticamente ha desaparecido.

Igualmente impactante era el trabajo de los resucitadores, conocidos como "ladrones de cadáveres". Estos desenterraban cuerpos para venderlos a facultades de medicina, una práctica común en los siglos XVIII y XIX en Gran Bretaña. La situación llegó a tal punto que el gobierno acabó permitiendo a los médicos utilizar cadáveres de asilos para frenar estos robos.

Trabajos que hoy parecen impensables

A lo largo de la historia han existido ocupaciones muy peculiares que formaban parte del día a día. Según datos de la clasificación ocupacional de 1850 de la Oficina de Estadísticas Laborales y otras investigaciones, se han identificado hasta 20 empleos hoy prácticamente extinguidos.

Uno de los más curiosos es el del despertador humano, una persona contratada para golpear ventanas o lanzar guisantes y así despertar a los trabajadores antes de que existieran los relojes. Esta práctica fue común en Gran Bretaña e Irlanda durante la Revolución Industrial. Sobre los hábitos de sueño de la época, el autor Richard Jones explicó: "Los bebés que los dejaban dormir eran noctámbulos y dormían durante el día, despertándose alrededor de las cuatro de la tarde".

Otro oficio llamativo era el de cortador de hielo, encargado de extraer bloques de lagos helados para su distribución. En el siglo XIX, esta industria llegó a emplear a miles de trabajadores, hasta desaparecer con la llegada de los frigoríficos.

Un cortador de hielo | Underwood Archives /Getty Images

También estaban los colocadores de bolos, generalmente niños, que reorganizaban las piezas antes de la automatización en 1936, o los llamados "tejones", intermediarios que compraban productos a agricultores para venderlos en mercados.

Oficios peligrosos, insalubres o muy duros

Algunos trabajos destacaban por su dureza o riesgos. Es el caso de los recolectores de sanguijuelas, que las obtenían para tratamientos médicos, incluso usando sus propias piernas como cebo.

Los limpiadores de letrinas, conocidos como "hombres de la noche", retiraban residuos humanos en ciudades sin sistemas de saneamiento, mientras que los monos de pólvora eran niños que cargaban cañones en barcos de guerra, exponiéndose a la muerte.

Mono de pólvora | Biblioteca del Congreso.

Otro ejemplo es el de los fabricantes de plomo blanco, que manipulaban materiales altamente tóxicos sin protección, o los deshollinadores, que sufrían enfermedades graves por inhalar humo y hollín.

Profesiones sustituidas por la tecnología

El avance tecnológico acabó con muchos oficios. Las "computadoras", que eran personas (en su mayoría mujeres) dedicadas a hacer cálculos a mano, desaparecieron con la llegada de los ordenadores en los años 70.

Los lecheros también dejaron de ser necesarios con la refrigeración doméstica, y los faroleros fueron sustituidos por el alumbrado eléctrico, aunque algunos aún permanecen por tradición.

En el ámbito cultural, los lectores entretenían a trabajadores en fábricas leyendo en voz alta, mientras que los daguerrotipistas realizaban las primeras fotografías antes de la llegada de técnicas más modernas.

Creencias, arte y otros oficios curiosos

Algunos empleos se basaban en creencias hoy desacreditadas, como los frenólogos, que aseguraban poder analizar la personalidad palpando el cráneo.

Otros estaban ligados a la artesanía, como los expertos en lacado japonés o los batidores de oro, que transformaban este metal en finísimas láminas decorativas.

Incluso existieron figuras tan peculiares como el mozo de cuadra del rey, que comenzó como asistente en tareas íntimas y terminó convirtiéndose en un influyente consejero.

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