Cada vez es más común reformar por completo una vivienda y dejar en segundo plano elementos esenciales que no quedan a la vista, como la instalación eléctrica. Detrás de paredes, falsos techos y cuadros eléctricos hay instalaciones que pueden acumular décadas de antigüedad y que adquieren mayor importancia a medida que aumenta el consumo eléctrico de los hogares.
Rodri, electricista de ‘SomosCables’, asegura que esa diferencia entre lo que se ve y lo que no, explica una parte del problema. “A la gente no le importa gastarse 4.000 euros en un sofá, pero sí que le importa gastarse 4.000 euros en una instalación porque no se ve”, afirma el técnico en una conversación publicada en el canal de YouTube de ‘Schneider Electric España’, en la que participa junto a su padre, Víctor, electricista con más de 50 años de experiencia, y el también profesional Ricardo Abellán.
Los tres defienden que las instalaciones son uno de los elementos fundamentales de cualquier inmueble, aunque rara vez se les presta la misma atención que a los acabados. “No solo las eléctricas, sino también la de fontanería, por ejemplo, o incluso la de gas, que también es bastante importante, sobre todo en locales comerciales”, señala Rodri.
Reformar toda la casa y conservar una instalación de hace décadas
El electricista asegura que se encuentra con propietarios dispuestos a realizar inversiones muy elevadas en la transformación estética de sus viviendas que, sin embargo, descartan hacerlo en la renovación de la instalación eléctrica. “Entras a una casa y reforman todo. Se dejan cientos de miles de euros en reformar la casa, quitar los suelos... y luego no se gastan el dinero en cambiar la instalación eléctrica”, apunta.
Pero la consecuencia, según explica, es que detrás de una vivienda aparentemente renovada puede haber “cables antiguos” y otros componentes deteriorados, a lo que Rodri advierte de la posible aparición posterior de averías y “problemas de derivaciones constantemente”.
De hecho, su padre recuerda un caso que ilustra hasta qué punto puede existir una diferencia entre el gasto destinado a los acabados y el reservado para la instalación. Víctor cuenta que trabajó en una vivienda que contaba “hasta con los grifos de oro y los baños de mármol negro”, pero cuyo propietario pretendía instalar interruptores de muy bajo coste.
Así, “fue a un almacén y pidió interruptores que costaban 50 céntimos cada uno, y yo le dije que no lo hacía porque iba a salir ardiendo”, explica. Según cuenta, después de que los propietarios se instalaran en la vivienda, tres días después se produjo un incendio.
Sin embargo, a pesar de todo ello, Rodri considera que la percepción del oficio ha cambiado, ya que, elaborar un presupuesto puede exigir “una mañana o una tarde” y tiempo adicional para seleccionar materiales, pero sostiene que una parte de los clientes termina comparando solo el precio final. Algo que dificulta que se valore la diferencia entre materiales, ejecución y cualificación profesional.
Reclama una acreditación para identificar a los profesionales
Asimismo, el técnico plantea también una mayor regulación e identificación de quienes intervienen en las instalaciones, y propone recuperar un sistema reconocible para el consumidor similar al antiguo “carné de instalador”, con el fin de que el propietario pueda comprobar si la persona que va a trabajar en su vivienda cuenta con la cualificación correspondiente.
“Tú vas a tocar un cuadro eléctrico: enséñame tu carné. Y sin ese carné no te dejo tocar el cuadro eléctrico de mi casa porque no eres instalador”.
Pero Rodri también pone el foco en la diferencia de precios entre los profesionales autorizados y quienes trabajan sin cumplir los mismos requisitos. Explica que un electricista que está dado de alta, cuenta con el material necesario y tiene toda la documentación en regla asume una serie de costes que inevitablemente se reflejan en el presupuesto. “Un instalador autorizado que tenga todos sus equipos, que tenga todo en regla y dado de alta va a ser más caro que alguien que no lo es”, concluye.