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Una familia colombiana vende todo para empezar de cero en España y termina durmiendo en la calle: “Ya no tenemos nada, no tenemos dónde dormir ni de dónde echar mano”

Una madre, su esposo, sus dos hijos y la abuela, que va en silla de ruedas, aseguran que llegaron con 5.000 euros, pero se lo gastaron en hostales tras no conseguir una vivienda de alquiler.

mujer llorando familia calle
Una familia colombiana vende todo para empezar de cero en España y termina durmiendo en la calle |YouTube (Historias de Migrantes Quique Vasquez)
Icíar Carballo
Fecha de actualización:

El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de vulnerabilidad para numerosos hogares en España, especialmente en las grandes ciudades. La escasez de oferta, el encarecimiento de los alquileres y las exigencias de garantías como nóminas, contratos estables o varios meses por adelantado complican todavía más la búsqueda para quienes acaban de llegar y carecen de una red de apoyo. 

Es el caso de Ángela, que llegó a España desde Colombia junto a su marido, sus dos hijos y su madre con un proyecto que habían preparado vendiendo la mayor parte de lo que tenían en su país. Sin embargo, poco más de un mes después, la familia asegura encontrarse sin una vivienda, prácticamente sin dinero y obligada a pasar algunas noches en un parque de Fuenlabrada, al sur de Madrid.

“Ya no tenemos nada. En este momento no tenemos de dónde echar mano”, explica Ángela en un vídeo para el canal de YouTube de Quique Vásquez, especializado en historias de migrantes latinoamericanos en España. Según cuentan, la familia había llegado con unos 5.000 euros ahorrados y la expectativa de destinar ese dinero al alquiler de una vivienda mientras buscaban incorporarse al mercado laboral.

Ángela asegura que la decisión de emigrar estuvo, sobre todo, motivada por la búsqueda de un entorno más seguro para sus hijos y por la posibilidad de encontrar atención médica para su madre, Elena, que utiliza silla de ruedas para desplazarse. “Vendimos nuestras cositas materiales y vendimos una casita que teníamos para poder proyectarnos y hacer todo esto para poder llegar acá”, cuenta.

De tener 5.000 euros a pasar las noches en un parque

Pero el plan comenzó a torcerse cuando intentaron encontrar un alquiler estable. Ángela asegura que contactaron con propietarios a través de portales inmobiliarios y que se encontraron con exigencias de nóminas, documentación y otras garantías económicas que no podían aportar al acabar de llegar al país.

También asegura que algunas viviendas fueron rechazadas al conocer los propietarios que viajaban con menores o con una persona que utilizaba silla de ruedas. “Nos dijeron que la silla de ruedas dañaba las puertas, dañaba las paredes… Teníamos el dinero y nos decían no, no y no”, recuerda.

Sin conseguir un piso en el que instalarse a vivir, comenzaron a encadenar alojamientos turísticos y hostales. La primera semana ya tenían una reserva, pero los días fueron pasando y los ahorros con los que habían llegado, empezaron a consumirse. “Nos tocó empezar a entrar en un hostal, en otro hostal, para poder tener dónde resguardarnos”, señala.

Además, el precio de los hostales también les pilló desprevenidos, ya que, tal y como asegura, “no todos los hostales cuestan 50 euros, hay algunos que cuestan 80, 90, y hasta 120 euros”, relata Ángela, añadiendo que una sola habitación no siempre era suficiente para alojar a las cinco personas. También han llegado a alternar alguna noche con personas que conocían su situación con otras pasadas directamente en la calle. Así, después de un mes y cinco días en España, sostiene que a la familia le quedaban tan solo 20 céntimos.

Sin embargo, para Elena, la situación resulta especialmente difícil. La abuela cuenta que padece las secuelas de la poliomielitis y que utiliza una silla de ruedas desde hace seis años después de sufrir una fractura. Por ello, dormir al raso y acceder a determinados baños se ha convertido en uno de sus principales problemas.

“Quisiera quedarme dormidita como la Bella Durmiente y no volverme a dar cuenta más de la realidad, porque hace mucho frío acá”.

Su hija describe noches en las que colocan una manta sobre el suelo para que duerman los menores y utilizan otra para cubrirse. “No hay manta que alcance para el frío”, asegura.

Sin vivienda estable y con el empleo bloqueado

Pero el alojamiento no es la única dificultad por la que está atravesando la familia. Ángela asegura haber enviado currículums a través de portales de empleo y haber preguntado directamente en tiendas, bares y cafeterías. Según cuenta, dos empresas llegaron a ponerse en contacto con ella, pero finalmente no pudo incorporarse por su situación documental.

“Me han llamado en dos oportunidades, pero por no tener documentación me han dicho que no”, lamenta, explicando que también ha intentado conseguir un empadronamiento, sin éxito hasta el momento.

Con respecto a la alimentación, la familia asegura recibir alguna ayuda puntual, aunque también se trata de un tema que les genera incertidumbre, porque hay días que no saben dónde van a comer o cenar. Y con respecto a sus maletas permanecían guardadas, según relatan, en el almacén de un hostal cercano cuyo personal les había permitido dejarlas allí sin cobrarles.

Pese a la situación, Ángela insiste en que no se arrepiente de haber buscado un futuro en España, aunque reconoce que la familia llegó sin conocer suficientemente las condiciones que encontraría. “A nosotros nos faltó informarnos un poco más”, admite. “Hay que conocer muchas de las reglas que existen en este país para podernos venir con los ojos abiertos”.

La familia, por ahora, tampoco contempla volver a Colombia. Ángela afirma que vendieron lo que tenían antes de emprender el viaje y que las razones que les llevaron a marcharse continúan pesando sobre esa posibilidad. Ahora, su prioridad inmediata es encontrar un alojamiento y una oportunidad laboral. “No queremos ser una carga para nadie”, insiste Ángela. “Queremos salir adelante”, concluye.