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Antonio Solís, 67 años, carpintero jubilado: "Ahora el cliente cree que le estás engañando, antes confiaba en ti"

Tras más de 50 años trabajando la madera este carpintero da las claves de la falta de relevo en las profesiones tradicionales.

el carpintero cortando madera
Antonio Solís, 67 años, carpintero jubilado: "Ahora el cliente cree que le estás engañando, antes confiaba en ti" |La Vanguardia
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Trabajar en un oficio artesanal parece algo de otra época, ya que estas profesiones han ido quedando relegadas por la producción masiva y la falta de jóvenes que quieran aprender desde cero a partir de un profesional que lleve años trabajando en ello y que también esté dispuesto a enseñar al aprendiz. La carpintería es un buen ejemplo de este tipo de oficios artesanales que se han ido perdiendo con los años, un trabajo en el que el trato personal y los proyectos a medida han perdido la batalla con los precios bajos y la rapidez que dan empresas como IKEA.

Antonio Solís sabe bien de lo que se habla, ya que después de empezar con apenas 14 años en el taller de su padre y llevar ya más de medio siglo de trabajo con la madera, acaba de jubilarse. Este hombre es miembro del ‘Gremi de la Fusta’ y ha contado cómo ha ido evolucionando esta profesión en una entrevista concedida a La Vanguardia, dejando ver también la evolución que ha vivido el mercado laboral en los últimos años.

La pérdida de la confianza y el cliente joven

Para Antonio hoy en día ya se han perdido o apenas si se recuerdan ciertos valores que en su momento eran fundamentales y que fueron lo primero que él aprendió cuando empezó a trabajar. "Lo primero que nos enseñaban era a ser honrados, a trabajar limpio, a tener palabra y a ser constantes", cuenta el carpintero. Pero la forma de ver al profesional dio un cambio total con el paso del tiempo y también el respeto a su trabajo. "Tú eres un profesional, aconsejas al cliente y creen que les estás engañando. Y luego es al revés: te dicen que es caro, no valoran el trabajo, no entienden lo que hay detrás. Antes no pasaba eso", explica el recién jubilado.

Esto va a más con la edad, ya que según cuenta Antonio los jóvenes no valoran apenas el trabajo que requiere algo, porque están acostumbrados a montar un mueble fácil sin saber que hay detrás. Para el carpintero, el cliente mayor sigue siendo el mejor porque explica lo que quiere, confía y valora el resultado. "La gente joven no: lo compran todo por internet, en IKEA, lo montan, lo desmontan. No le dan valor y eso afecta mucho al oficio", explica.

El problema del relevo y la falta de práctica

La falta de jóvenes que quieran ponerse a trabajar de carpintero es otra de las grandes preocupaciones del sector. Antonio señala que la dedicación de antes ya no encaja con las prioridades de hoy. "Porque no quieren esa vida. Antes trabajábamos muchas horas, sábados incluidos. Ahora quieren terminar a las tres y descansar, así no aprendes un oficio como este", asegura.

A esto hay que añadir la poca formación práctica que tienen los jóvenes hoy en trabajos manuales, ya que los cursos no siempre se traducen en experiencia real, como la que podían tener antes aprendiendo el oficio de su tío o su padre por ejemplo. Como él mismo explica, "antes el chaval entraba en un taller y aprendía de verdad", mientras que en la actualidad nota que "desde hace años no entra nadie en mi taller pidiendo trabajo", lo que deja en el aire el futuro de una profesión que parece que no pero sigue siendo muy importante.