Hoy, 18 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Mujer en el Sector Marítimo, con el objetivo de promover la contratación, la retención y el empleo sostenido de las mujeres en este sector profesional. Una fecha que también permite recordar el papel fundamental que realiza un grupo en especial en la industria marítima: las mariscadoras. Aunque no siempre sea reconocido.
Ellas dependen de las mareas: “si no hay baja, no podemos ir. Siempre, el primer día, empezamos muy temprano, y vamos sobre 4 y 5 horas a recoger el marisco que nos indican, no podemos coger el que nosotras queramos”, explicaba una mariscadora, María Fontán, a ‘NoticiasTrabajo’ hace unos años.
Suelen trabajar entre 10 y 15 días al mes: van una semana entera, descansan unos días, cuando no hay buena marea para trabajar, y vuelta a empezar. Para ello, deben estar en una cofradía, estando María en la de O’Grove, lo que les da licencia para ir a determinadas playas.
Sobre su trabajo, existe una función desconocida para muchas personas: la siembra. Así lo explicaba María: “Aparte de trabajar, recogiendo las almejas, tenemos las resiembras. Esos días, en playas que sí producen almejas pequeñas y berberecho, las sacamos de ahí y las echamos en otras playas para que vayan creciendo y podamos tener marisco en un futuro”.
“Estamos unos meses en una playa, se cierra y vamos a otra. Sembrando en una y trabajando en la otra”, agregaba, señalando que detrás hay un equipo de biólogos controlando la producción. Si, por necesidad, tienen que pagar la semilla de almeja, la pagan. Una semilla que, a veces, les roban los llamados furtivos de playa.
“Es lo típico que dicen: “la playa o el mar es de todos”. Y tampoco es así, porque es nuestro trabajo. Nosotros, si hay que pagar semilla de almeja, la pagamos, es nuestro esfuerzo”. Por ello, advierte, especialmente a los turistas que no conocen el oficio: “si viene la gente y coge las almejas que nosotras hemos tenido guardadas durante un año, nos están quitando parte de nuestro trabajo”. Es por ello que en verano, además del marisqueo, también tienen que hacer vigilancias en las playas.
“No existen días de quedarse en casa. Se aguanta el temporal y vas igual”
El oficio de las mariscadoras es conocido por la crudeza en la que, a veces, tienen que trabajar: “Aunque hubiera una semana de temporal, nosotras iríamos igual a trabajar. No existen esos días de quedarte en casa. Ya no lo piensas. Hay que ir. Se aguanta el temporal y vas igual”, contaba María a este medio, señalando que, al ser autónomas, si no recogen, no cobran.
De hecho, un vídeo de la misma se hizo viral hace unos años, donde se le veía con agua hasta la cintura luchando contra el viento y las olas. “Aunque parezca demasiado, es el trabajo que nos toca hacer. Ya no lo piensas. Directamente ya dices, “hay que ir, hay que aguantar el temporal” y vas”, reiteraba.
Precisamente por esa crudeza, y el desgaste que conlleva, están luchando para que determinas dolencias que sufren de forma sistemática, como son la artritis, el lumbago o la reuma, se reconozcan como enfermedades profesionales. Al igual que quieren acceder a la jubilación anticipada sin penalización por las condiciones de su profesión.
Una lucha algo más difícil por el hecho de que su trabajo no está en el debate social, siendo una profesión desconocida por la mayoría: “Yo pienso que hay poco conocimiento. Puede que conozcan lo que es el marisqueo, lo que hacemos, pero más allá de eso no tienen ni idea”, explicaba María. Pese a ello, aseguraba que desconocía lo que era sentirse infeliz en el trabajo, destacando que trabajar con el mar también “es muy gratificante”, llegándose a convertir en un estilo de vida.

