Los bomberos voluntarios son personas formadas para intervenir en incendios, rescates y otras emergencias, pero que no reciben un sueldo por este trabajo. Normalmente, a diferencia de los bomberos que han accedido a una plaza mediante oposición, suelen compaginar esta labor con otro empleo y dedican parte de su tiempo libre a prestar apoyo a los servicios profesionales.
Es el caso de Álvaro Gutiérrez, oficial jefe del Real Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander, que lleva 23 años en el servicio. En una entrevista con Lou Protocol, explica que cada vez resulta más difícil encontrar personas dispuestas a asumir esta responsabilidad sin remuneración. “Cada año nos cuesta más encontrar voluntarios”, reconoce.
“La profesionalidad no la marca un sueldo, sino la formación”
Una de las principales diferencias entre los bomberos voluntarios y los que han conseguido una plaza por oposición es la remuneración. Los primeros no cobran un salario por las guardias ni por las intervenciones que realizan. Sin embargo, Álvaro niega que esa ausencia de sueldo permita considerarlos menos profesionales.
“A mí me gusta hablar de bomberos voluntarios y bomberos remunerados, no de profesionales y no profesionales, porque la profesionalidad no te la marca un sueldo, te la marca una formación”, sostiene.
El oficial jefe señala que los voluntarios también deben estar preparados para actuar ante situaciones de riesgo. “En muchas ocasiones hacemos lo mismo o algo parecido a ellos”, explica, en referencia a los bomberos remunerados.
El cuerpo realiza entre 300 y 350 intervenciones al año, muchas de ellas preventivas. Entre los avisos más habituales se encuentran las aperturas de puertas y los rescates de personas mayores en viviendas durante la noche.
Guardias de 12 horas sin cobrar
Actualmente, el Real Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander está compuesto por unas 22 personas. Los equipos realizan guardias cada seis días, normalmente formadas por tres o cuatro miembros. Su horario habitual va desde las nueve de la noche hasta las nueve de la mañana, aunque pueden reforzar el servicio durante el día cuando se producen incendios forestales, temporales u otras emergencias importantes.
Al comenzar cada guardia, los voluntarios revisan los vehículos, las sirenas, las luces y todo el material necesario para intervenir. También realizan maniobras prácticas y reciben formación en primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar, uso de desfibriladores, incendios y rescates.
“Aquí todas las noches el equipo que está de guardia hace una maniobra diferente”, explica Álvaro. Además, una vez al mes se reúne todo el cuerpo para realizar ejercicios conjuntos con profesionales externos.
Compatibilizar el voluntariado con otro empleo
La mayoría de los miembros del cuerpo tienen otro trabajo remunerado. En el caso de Álvaro, trabaja por turnos en un tanatorio y reconoce que muchas veces enlaza su jornada laboral con una guardia nocturna en el parque de bomberos. “Casi todas las semanas me coincide que estoy aquí de noche y entro de mañana, o salgo de tarde del tanatorio y entro aquí”, relata.
Esta situación obliga a los voluntarios a reducir sus horas de descanso y a renunciar a parte de su tiempo libre. Además, la dedicación no afecta únicamente a quien presta el servicio, sino también a su entorno más cercano.
“Esto no lo sufres tú solo. Cuando vienes aquí no solo dejas de hacer deporte o de dedicarte tiempo, también se lo quitas a tu familia”, señala. Álvaro tiene dos hijos y admite que sus familiares también tienen que soportar gran parte del sacrificio que exige ser bombero voluntario.
De 30 voluntarios a poco más de 20
La falta de relevo generacional es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el cuerpo. Cuando Álvaro entró, con 17 años, había alrededor de 30 miembros. Ahora son entre 21 y 22. “En los últimos ocho o diez años, el voluntariado está cada día más débil”, advierte. Según explica, la dificultad no afecta únicamente a los bomberos voluntarios, sino también a agrupaciones de Protección Civil y otros servicios de Cantabria.
El proceso para incorporarse al cuerpo comienza con la presentación de una solicitud y una entrevista personal. Después, el aspirante pasa seis meses a prueba, durante los que recibe formación sobre incendios, rescates y otras intervenciones. Al finalizar ese periodo, los responsables deciden si puede continuar.
“Venimos a trabajar, no a hacernos una foto”
Álvaro también critica que algunos jóvenes se acerquen al cuerpo atraídos por la imagen del uniforme o por la posibilidad de mostrar la experiencia en redes sociales, pero sin ser conscientes del esfuerzo que requiere. “Hay muchos chavales a los que tienes que decirles que venimos a trabajar, no a hacernos una foto en la puerta”, afirma.
El oficial jefe asegura que en sus 23 años como bombero voluntario apenas ha publicado imágenes vestido con el uniforme. “El que sabe que soy bombero es porque me ha visto en una intervención o en un servicio preventivo”, sostiene.
Pese a la ausencia de remuneración y a las dificultades para conciliar, Álvaro continúa formando parte del cuerpo por vocación. “Lo hago porque me gusta y porque quiero hacerlo. Es algo que me llena”, concluye.

