Un pueblo abandonado regresa a la vida gracias a cuatro nuevos vecinos holandeses

Una pareja que compró casi todas las casas de la pequeña localidad de Bárcena de Bureba quiere hacer del pueblo un espacio autosuficiente donde vivir en armonía con la naturaleza.

Varias casas abandonadas en medio de un camino en la localidad de Bárcena de Bureba. |Wikipedia
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En la llamada España vaciada, hay cientos de pequeños pueblos que buscan vecinos. En algunos casos, como emprendedores o para cubrir las bajas de los que están cerca de la edad de jubilación pero, en otros, para comenzar de cero una nueva vida. Según el Ministerio para la Transición Económica y el Reto Demográfico, la población del medio rural ha crecido por séptimo año consecutivo, donde también ha subido el número de trabajadores, especialmente mujeres.

Como señalan en su web, de los 6.832 municipios con menos de 5.000 habitantes en 2018, el 79% actualmente tiene un saldo migratorio positivo. En esta ocasión, estos datos pueden comprobarse en la pequeña localidad de Bárcena de Bureba, que según los datos del INE de 2020, no tiene ningún habitante. Hace unos meses, Burgos Conecta contó la historia de un matrimonio de holandeses que decidieron arrancar una nueva vida en un entorno rural.

Buscaban la tranquilidad del campo y poder residir de forma permanente en una aldea autosuficiente. Fue en 2024 cuando compraron la aldea, en Burgos, pagando 350.000 euros por casi todas las casas de piedra. El último vecino del pueblo, Florentino, había muerto años antes. 

Maaike y Tibor comenzaron a dar vida a esta zona con una red eléctrica alimentada por placas solares, con baterías en contenedores y de este modo consiguieron electricidad. Hay que considerar que este matrimonio se dedicaba al análisis de datos en su país, y que la ciudad en la que residían, Amsterdam, tiene cerca de un millón de habitantes. 

“Encontramos este pueblo en una web de aldeas abandonadas en venta”

En declaraciones a Burgos Conecta, Maaike explicó que no conocían ninguna ciudad de España y que no habían dado con alguna que les llamase la atención. De primeras pensaron en Euskadi, pero lo rechazaron por la lluvia. Luego, buscaron en Burgos o La Rioja. “Encontramos este pueblo en una web de aldeas abandonadas a la venta”, explica. 

Desde que tomaron la decisión hasta que firmaron la compra, viajaron en varias ocasiones al pueblo abandonado. “Todo el proceso se alargó más de un año”, recuerda. También explica que contaban con la experiencia de haber vivido en una localidad de la España Rural, al lado de Logroño. “Nos gustó mucho saber que Bárcena tenía un permiso de la Confederación Hidrográfica del Ebro para usar el agua del río Castil”.

Y otro de los factores que influyeron en su decisión, fue el entorno natural. Muchas posibilidades para plantar árboles ‘comestibles’ como almendros o frutales. 

Un nuevo pueblo más sostenible y respetuoso

Aunque cuando compraron la localidad continuaron viviendo en Ámsterdam la familia aprovechó las vacaciones de verano del colegio para poder visitar su nueva propiedad. Ya le han puesto nombre al proyecto, Ardbol, y pretenden que sea respetuoso y sostenible. 

“No teníamos conocimiento de albañilería y construcción, y por eso estamos formándonos de manera autodidacta” y en el futuro pretenden restaurar una casa y convertirla en alojamiento rural.

La idea es depender de los materiales que pueden encontrar en la zona como paja de modo que sea de nuevo un pueblo vivo porque además ya conocen “familias que quieren venirse”. En estos casos, serán los mismos holandeses quienes trabajen para reparar sus casas y la idea es que lleguen con sus hijos, igual que ha hecho esta familia. 

La idea era mudarse a mediados del año pasado. Pero antes de trasladarse por completo a Bárcena pasarán un tiempo en Briviesca donde hay colegios, comercios o farmacias. 

Compraron 80 casas 

La pareja compró 80 casas y sólo queda una que es particular, concretamente del Obispado. “Cuando entró la crisis el proyecto se detuvo”, dijo la madre. En Bárcena hay un vecino que se llama Carlos. Él ha pasado allí toda su vida y compró su casa hace 40 años. Ahora la está arreglando con su hijo, “en unos dos años pretende estar de manera autosuficiente en el pueblo y nos alegramos mucho de que estén aquí”.

Cuando en los años 70 la localidad se quedó desierta, perdió sus servicios pero poco a poco los ha ido recuperando. Las calles tienen siguen sin estar asfaltadas y tampoco tiene luz ni agua corriente, pero cuenta con nuevos vecinos que están dispuestos a dar un paso adelante por este pueblo. 

Los servicios llegan lentamente, y por ejemplo, ya se puede ver al cartero o el autobús de transporte público, que llevaba tiempo sin parar en este pueblo y ya lo hace.

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