José, un valenciano de 51 años, ha logrado recuperar su vivienda habitual tras permanecer nueve meses viviendo en una furgoneta debido a la inquiokupación de su inmueble. A pesar de contar con un trabajo fijo y una casa en propiedad, el afectado se vio obligado a pernoctar en su vehículo, después de que sus inquilinos, hijos de sus vecinos de arriba, dejaran de pagar la renta y él necesitara el piso tras una ruptura sentimental.
El desalojo judicial se produjo, revelando un escenario de destrozos, suciedad y deudas acumuladas de electricidad que han incluido al propietario en listas de morosos.
“Se saben amparados por el sistema”
Tal y como detalla Espejo Público, el lanzamiento, ejecutado por la comisión judicial y un cerrajero, pone fin a un calvario que José describe como un "abandono" por parte de las autoridades.
Durante estos nueve meses, el propietario ha mantenido su puesto de trabajo cara al público pese a sufrir dos golpes de calor por las altas temperaturas en la furgoneta e intentos de robo durante la noche.
"Mi vida ha importado menos a nivel del sistema que el gato que han dejado dentro", lamentó José al entrar en su propiedad, criticando la desprotección que sufren los pequeños propietarios frente a quienes “se saben amparados por el sistema”, confesaba al programa.
Dos gatos abandonados y una familia vulnerable
La recuperación del inmueble, de unos 100 metros cuadrados y ubicado en un barrio donde la familia de José es muy conocida, no ha estado exenta de incidentes. Al acceder a la vivienda, el propietario encontró dos gatos abandonados, una maniobra que, según su abogado, suele utilizarse como "truco para intentar suspender el lanzamiento" alegando la protección de animales vulnerables.
Además de la presencia de los animales, la vivienda presentaba múltiples desperfectos, mal olor y estaba repleta de enseres inservibles. Los antiguos inquilinos, que alegaban vulnerabilidad por tener hijos menores, residen ahora en el piso inmediatamente superior con sus padres, lo que augura una convivencia conflictiva.
“Me he sentido desesperado por no saltarme ninguna regla mientras se me paraba la vida”
El caso de José, aunque se dio a conocer en 2024, subraya ahora las grietas de la actual Ley de Vivienda. Aunque la orden de desalojo se emitió para días posteriores, los ocupantes hicieron caso omiso, prolongando la estancia del dueño en la calle casi tres meses más. "Ellos tienen una hoja de ruta, se saben amparados por la justicia o, mejor dicho, por el sistema", explicó el afectado, quien agradeció el apoyo de la Plataforma de Afectados por la Ocupación.
"He pasado frío en invierno y calor en verano. Me he sentido desesperado por haber hecho las cosas bien y sin saltarme ninguna regla, mientras me paraban la vida", declaró José tras instalar una cerradura de alta seguridad.
“He visto cosas viviendo en la calle”
A la pérdida de ingresos por el alquiler y el coste del proceso judicial, se suma ahora una deuda de suministros superior a los 120 euros y la necesidad de rehabilitar una vivienda que perteneció a sus padres.
Pese a las amenazas recibidas por parte del padre de la inquilina, José asegura no tener miedo tras la dureza de los últimos meses: "He visto muchas cosas viviendo en la calle; ¿qué miedo voy a tener yo ahora?".