"No es que esté bien. Es lo que hay, me lo aguanto y punto”; así describe Javi su día a día. A sus 67 años, este antiguo camionero forma parte de ese sector de la población que se ha visto obligado a vivir en autocaravanas o furgonetas por pura necesidad económica.
Tras sufrir un ictus que le dejó medio cuerpo paralizado y le impidió seguir trabajando, este hombre subsiste con una pensión mínima y con la certeza de que “jamás” volverá a tener una casa.
Una pensión de 500€
El problema de Javi comenzó cuando las matemáticas de su cuenta bancaria dejaron de funcionar. Antes vivía en un piso de alquiler por el que pagaba cerca de 680 euros al mes. Sin embargo, al no poder acumular los años necesarios de cotización debido a su enfermedad, su jubilación se quedó en poco más de 500 euros mensuales.
Los datos oficiales de la Seguridad Social y del Instituto Nacional de Estadística (INE) demuestran que la situación de Javi roza la pobreza extrema, un escenario bajo el que viven el 28% de los pensionistas con rentas bajas.
Aunque el Banco de España aconseja no destinar más del 30% del sueldo en el pago de una vivienda, no siempre es así. Incluso Javi, con una pensión de 500 euros, tendría que pagar 150 euros por el alquiler, una opción inviable en ciudades como Mallorca, donde el precio medio ya supera los 10 euros por metro cuadrado.
Vivir en 5 metros cuadrados
Para evitar quedarse en la calle, Javi pidió dinero, vendió sus pertenencias y compró la autocaravana en la que lleva cinco años viviendo de forma itinerante junto a otros compañeros en su misma situación. Su espacio mide apenas 5 metros cuadrados, la tercera parte de lo que mide una habitación pequeña en Madrid o Barcelona.
Para evitar multas de los ayuntamientos, Javi debe seguir la ley al pie de la letra. Su vehículo está aparcado, mas no acampado. Esto significa que no puede sacar sillas fuera, ni abrir ventanas que sobresalgan del coche. Además, la ley le obliga a cambiar la autocaravana de sitio cada 10 días para que no se considere un vehículo abandonado.
Sin embargo, esto no es lo más complicado. Tal y como detalla el hombre, “aquí a la noche hace mucho frío”, lo que lo lleva a que en invierno sufra por las bajas temperaturas: “No tenemos calefacción. Resolvemos el frío poniéndonos más ropa. Si ponemos un calefactor y se apaga, nos vamos para el otro barrio”, explica,
Tampoco tiene televisión porque el aparato dejó de funcionar con los nuevos cambios de señal y uno nuevo cuesta más de 300 euros, un gasto inasumible para él. Por salud y por ahorro, Javi solo hace una comida fuerte al día y una cena muy ligera.
"Ya no tengo sueños"
Cuando le preguntan por una solución al problema de la vivienda, Javi se muestra escéptico con las promesas de los políticos y defiende que la única salida real es que el Estado construya verdadera vivienda social. España cuenta con uno de los parques de vivienda protegida más pequeños de Europa (solo un 2,5% del total frente al 20% de los países del norte), y las listas de espera para los mayores superan los 5 años.
"Yo no sueño, ya no tengo sueños. Hoy es hoy. Yo no pienso de acá a un año. Yo pienso de acá a una semana; ya un mes es mucho tiempo para mí", confiesa.
Javi teme el momento en que se haga más mayor y su salud empeore, una vulnerabilidad que ya experimentó cuando sufrió el ictus solo en un hospital. Mientras tanto, su único deseo es estar tranquilo: "A mí nadie me pregunta cómo es mi vida, qué pienso o qué sueño. Lo único que quiero es que no me moleste nadie, que me dejen en paz", concluye.