Los profesionales sanitarios y de atención a otras personas son los más expuestos a la violencia laboral. Así lo recogió recientemente un estudio de CCOO, lo que encrudece un oficio ya duro de por sí. Es el caso de los auxiliares de ayuda a domicilio que, además de soportar un gran desgaste físico y mental para garantizar el bienestar de la persona usuaria, deben aguantar diariamente cómo muchas familias intentan que trabajen mucho más allá de sus funciones.
Es una situación que denuncia con frecuencia María Adame, auxiliar, quien en reiteradas ocasiones ha explicado que estos profesionales no son personal de limpieza. La Ley de Dependencia recoge entre sus funciones el cuidado personal y el mantenimiento básico del hogar, no limpiezas profundas. Y es que el objetivo del servicio a domicilio es que la persona esté atendida, cuidada y en condiciones dignas.
Esto, muchas familias, siguen sin entenderlo. Llegando incluso a generar conflictos que ponen en peligro la seguridad de las trabajadores. Así lo ha denunciado recientemente, exponiendo el caso de una compañera que la dejó “sin palabras”.
Esta compañera atendía al usuario en su caso, donde también conviven su mujer, una hija, el yerno y los nietos. “Esta señora siempre le dice a todas las auxiliares que van allí que en esa casa hay mucho que hacer. Puesto que viven mucha gente, les pide que tienda la ropa de toda la familia, que planche la ropa, incluso que le friegue las zapatillas al nieto”, cuenta Adame. Al negarse su compañera a ello, explicándole cuáles eran sus verdaderos funciones, comenzó el conflicto.
Denuncia ante amenazas, insultos e incluso agresión
La conviviente comenzó a insultar a la trabajadora, teniendo que ir la coordinadora del servicio para defender a la auxiliar. El problema, como apunta María, es que no se trata de un hecho casual: “Hay un dato que me parece muy importante. Según cuenta esta compañera, ese domicilio ya tiene varias incidencias puestas por otros auxiliares por situaciones similares. Es decir, no estamos hablando de un hecho aislado, sino de un problema que presuntamente ya se había repetido con distintas profesionales”.
Además, ahí no acabó todo. Al cabo de unas semanas, esta compañera se encontró a la mujer en una panadería, donde se produjo un nuevo conflicto. Esta, delante de otras personas, la volvió a insultar, llamándole “limpia culos”, que era la “criada del pueblo” y que estaba para limpiar. Incluso llegó a empujarla y amenazarla.
Debido a estos hechos, la auxiliar denunció, además de que tuvo que ser atendida en un centro de salud tras sufrir un desmayo. Al parecer, la propia médica presentó también una denuncia. Ya ha recibido la notificación del juzgado pero la situación no hace más qué preguntarse todo lo que tienen que aguantar estas trabajadoras: “¿De verdad hemos llegado a este punto? ¿De verdad un auxiliar de ayuda a domicilio puede acabar en un juzgado simplemente por negarse a hacer unas tareas que no le corresponden?”, pregunta María indignada.
Por ello, lo deja claro: “No somos las criadas de la familia. No estamos para planchar la ropa ni para limpiar las zapatillas. Estamos para cuidar a la persona usuaria dentro de las funciones que marca el servicio”. Por esta razón, ha querido lanzar tres mensajes. El primero de ellos, que se respete “de una vez” a los auxiliares de ayuda domicilio.
“Somos profesionales, no somos servidumbre. A las empresas y a las administraciones, decirles que cuando existen incidencias repetidas sobre un mismo domicilio, no basta con dar la razón al auxiliar. Hay que intervenir, proteger a los trabajadores antes de que ocurra una situación como esta”, agrega.
Por último, pide a sus compañeros que no normalicen los insultos, amenazas y agresiones. “Decir ‘esto no entra dentro de mis funciones’ nunca puede justificar una falta de respeto. Cuando sea necesario, denunciad, porque cuidar a los demás nunca puede significar perder nuestra dignidad”, concluye.

