Una maestra jubilada que ha invertido todos sus ahorros para vivir en un crucero permanente: “No estoy de viaje, este es nuestro hogar”

La mujer dejó su casa y su vida para embarcarse en un crucero residencial donde asegura que vive “más feliz que nunca”.

Una imagen de la maestra jubilada en el crucero |CNN Travel - Sharon Lane
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Vivir en un crucero puede sonar a unas vacaciones largas, pero para esta profesora jubilada que ronda los 70 años no tiene nada que ver con eso. Tras un año viviendo en un barco residencial de 196 metros de eslora y ocho cubiertas, ya lo considera su casa.

“No estoy de viaje”, explicó la mujer en una entrevista con CNN Travel desde el propio barco. “Este es nuestro hogar. Aquí es donde vivimos”. 

El Villa Vie Odyssey no funciona como un crucero convencional, y es que se trata de un barco residencial en el que los pasajeros pueden comprar camarotes y vivir a bordo de forma permanente. Para la profesora retirada, este proyecto encajaba con lo que buscaba para su jubilación. Hizo números y vivir en el barco era más asequible y emocionante que quedarse en su casa.

“Este es mi hogar”

Tras invertir todos sus ahorros para poder embarcarse, empezó con la opción más barata, una cabina interior sin ventanas, algo que no le preocupaba demasiado, porque, según cuenta, apenas pasa tiempo en la habitación. 

Dos meses después consiguió cambiarse a otro camarote con ventanas, una mejora que le ha permitido sentirse todavía más como en casa. Aunque vendió muchas de sus pertenencias antes de embarcar, ha ido decorando poco a poco su nuevo espacio para que se parezca más a una casa que a una simple habitación de barco.

“No vi ninguna razón para apresurarme”, explicó sobre el proceso y el cambio de camarotes; para ella era más importante entender cómo funcionaba la vida a bordo, encontrar su rutina y decidir qué necesitaba realmente. 

Ahora, tras el paso de los meses, ya tiene incluso su rincón favorito dentro del barco, que es un sillón situado entre el bar deportivo y el centro de negocios, con una luz para leer y grandes ventanales frente al mar.

“Hay una luz sobre tu cabeza para que puedas leer, y hay unas ventanas enormes, ventanas gigantes que abarcan todo el ancho, así que puedes, literalmente, ver pasar el océano”, cuenta. Allí se sienta con un libro, mira hacia fuera y disfruta especialmente de los días de navegación, cuando puede ver cómo se mueve el mar.

Una jubilación sin tareas domésticas y con menos responsabilidades

Su vida a bordo no transcurre bajando del barco en todos los puertos, sino más bien en disfrutar de los días dentro del barco. Aunque ha visitado algunos lugares, como Japón o Australia, reconoce que lo que más le gusta no son siempre los grandes paisajes, sino las pequeñas conversaciones con la gente que encuentra por el camino.

Y es que durante la travesía ha conseguido crear una comunidad con el resto de residentes y disfruta de buenas conversaciones durante las comidas, aunque explica que no participa demasiado en actividades como el karaoke, el bridge o los bailes. Prefiere leer, caminar unos minutos en la cinta del gimnasio mirando al mar y aprender español por internet.

Después de un año viviendo en el barco, una de las cosas que más valora es haberse liberado de muchas de las obligaciones del día a día, y por ejemplo asegura que no echa nada de menos cocinar, limpiar ni hacer la colada. “Si la realidad consiste en ir en coche a la gasolinera y ver que los precios están por las nubes, si la realidad consiste en ir al supermercado y hacer una larga cola, si la realidad consiste en pagar facturas y preocuparse por lo que ocurre en otros lugares, entonces no, gracias”, afirma.

Aunque el proyecto ha tenido problemas, como cambios de ruta, cancelaciones de escalas o preocupaciones por el combustible, la profesora jubilada sigue viéndole las ventajas y cree en el proyecto, ya que para ella, vivir en el mar no es una aventura pasajera, sino la jubilación que quería.

“Esto es para personas que desean un ritmo de vida más pausado, una forma de ver el mundo, pero con menos responsabilidades”, resume. Y lo tiene tan claro que, si le tocara la lotería, no se compraría una casa en tierra firme. “Simplemente compraría el camarote de al lado, abriría una puerta entre los dos camarotes y lo convertiría en un armario”.

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