Juan José, empresario: “al que encontremos trabajando, lo echamos”

Este empresario defiende que no se debe trabajar para suplir una necesidad económica, sino desde las fortalezas, por propósito personal. Un modelo con el que transformó su compañía, pasando de 45 empleados a más de 850 colaboradores.

Juan José, empresario |YouTube (pódcast ‘The Business Round’)
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Hay personas que defienden que, cuando uno se dedica verdaderamente a lo que le gusta, no trabaja ningún día de su vida. Juan José, un empresario y consultor colombiano, es una de ellas, defendiendo que existe una gran diferencia entre estar en un empleo por necesidad económica que por la realización de un propósito personal. En su empresa, él busca los segundos.

Esa filosofía, entre otras cosas, le ha permitido transformar su empresa familiar de 45 empleados en un grupo corporativo de más de 850 colaboradores, multiplicando sus ventas por 40. Así lo asegura en el pódcast ‘The Business Round’, donde fue entrevistado, explicando que la transformación fue pasar de una “empresa de resultados” a una “cultura de propósitos”.

Al que encontremos trabajando, lo echamos. Eso es una promesa. Eso no es una frase de cajón”, aseguraba Juan José, explicando que “trabajar es cuando a uno le cuesta trabajo, cuando uno está haciendo algo que no ama”. Para él, el problema de trabajar por dinero es que, “muchas veces”, se está supliendo una necesidad económica, “pero no te das cuenta y pasa el tiempo”.

El peligro de esta situación, según el empresario, es que dedicas tu vida solo a cubrir esa necesidad económica, “pero no te alimentas. No te alimenta el alma. Te vas quedando y te vas quedando en algo que no es lo tuyo”. Por ello, al ver que a uno de sus empleados le estaba ocurriendo precisamente eso, le despidió. Aunque fuera un gran trabajador.

Despidió a un gran trabajador porque no era feliz

Juan José explica que en uno de los talleres de la empresa, Omar, gerente de un área “importantísima” de la organización, contó que tenía dos frustraciones: aprender inglés, porque “da acceso a mucho aprendizaje”, y ser investigador. Sus objetivos eran esos, pero llevaba 10 años en la compañía en un puesto de liderazgo.

Consciente de esta situación, el empresario afirma que le hizo el favor de su vida: “llegó a mi oficina y le dije, ‘voy a hacer algo por ti que ni tú ni tu señora son capaces de hacer. Ustedes no toman esta decisión. Yo la voy a tomar por ustedes. Estás despedido y aquí está tu indemnización’”. Tras el despido, le aconsejó que buscara su norte, porque en la empresa no era, afirmando que el empleado le dio las gracias llorando.

Al mes y medio, cuenta que Omar le escribió feliz desde Australia, donde se había mudado, y donde estaba aprendiendo inglés. Posteriormente volvió a Colombia y pudo saber que había pasado a ser “un tipo feliz”, algo que no era en la compañía.

Este ejemplo no es aislado. Como seña de que se preocupan por los propósitos personales del equipo, en la empresa cuentan con un departamento de Cultura y Desarrollo conformado por un psicólogo por cada 100 personas. Su función no es ver nóminas ni temas operativos, sino enfocarse en “la gestión del talento” para que descubran sus fortalezas.

“La felicidad te la da cuando uno el domingo por la noche está que no ve la hora de estar al otro día en la oficina”

A través del anterior ejemplo, Juan José reitera que el dinero no da la felicidad: “La felicidad te la da cuando uno el domingo por la noche está así que no ve la hora de estar al otro día en la oficina y cuando el viernes te vas como con cierta nostalgia”. En este sentido, agrega que la felicidad se alcanza cuando eres “capaz de conectar tu vida personal con tu vida laboral”.

Gracias a ello, ellos no tienen empleados, sino ‘integrantes’: “un empleado es un recurso humano que uno emplea o usa para ganar dinero. Un integrante es una persona que uno desarrolla para que crezcamos juntos”. Por ello, critica el modelo tradicional: “Las empresas normalmente trabajan por riqueza, para generar riqueza para los dueños y los inversionistas... Yo no creo en ese concepto, yo creo en la abundancia”.

En la misma línea, concluye que, a su juicio, perseguir el dinero es un error de enfoque, declarando rotundamente que “para mí el dinero es una consecuencia, no es un resultado”.

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