Álex, enterrador: “Hay veces que necesitamos cinco personas para subir un cuerpo. No somos de piedra, pero tenemos que aprender a protegernos”

Denuncia la falta de un convenio propio para este trabajo marcado por la dureza física y la carga emocional.

Álex, enterrador: “Hay veces que necesitamos cinco personas para subir un cuerpo” |YouTube (Lou Protocol)
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Álex tenía ocho años cuando comenzó a acompañar a su abuelo por los pasillos del cementerio. Hoy, con 32 años, forma parte de la tercera generación de una familia dedicada a un oficio tan necesario como desconocido como es el de enterrador. Desde 2018 trabaja en el cementerio municipal de Ciriego, en Santander, donde desempeña unas funciones que van mucho más allá de dar sepultura a los fallecidos.

“Mucha gente piensa que el oficio de enterrador es tirar de pala y enterrar un cuerpo, pero consiste en mucho más que eso”, explica en una entrevista para el canal de YouTube Lou Protocol. Su jornada combina tareas de mantenimiento, jardinería, limpieza, atención a las familias y preparación de entierros e incineraciones. “Lo mismo te toca podar árboles, arreglar una bombilla, limpiar escaleras o preparar una sepultura”, resume.

Un trabajo sin convenio propio pese a la dureza del oficio

Álex denuncia que la variedad de funciones que asume un enterrador no tiene un reconocimiento laboral específico. Según explica, los trabajadores del cementerio están adscritos al convenio de la construcción, aunque buena parte de sus tareas poco tienen que ver con ese sector. “No existe un contrato como enterrador en sí. Nosotros usamos el convenio de la construcción porque no hay una categoría propia”, señala.

Además, el oficio exige un importante esfuerzo físico. En algunos entierros, los sepultureros deben mover féretros de forma manual, trabajar en nichos situados a varios metros de altura o bajar a criptas profundas con cuerdas. Además, la estructura de muchos cementerios antiguos impide utilizar maquinaria en determinadas sepulturas. “Hay veces que necesitamos cinco personas para subir un cuerpo. Cuando toca bajar a una cripta con cuerdas te estás jugando el tipo”, afirma.

A esto se suma el impacto emocional, ya que los enterradores conviven a diario con el duelo, el sufrimiento y las despedidas. “Necesitas crearte un muro de hielo para que no te afecte. Si no, te acabaría pasando factura”, reconoce Álex, que admite que algunas situaciones son especialmente difíciles, como los entierros de niños o de personas conocidas.

A pesar de todo, asegura que lo que más valora es que las familias puedan marcharse agradecidos tras despedir a sus seres queridos. “Intentamos que, dentro del dolor que están viviendo, tengan la mejor despedida posible para su familiar”, concluye.

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