La construcción es uno de esos sectores que casi todo el mundo necesita alguna vez, pero que cada vez encuentra más dificultades para atraer trabajadores. Detrás de una reforma, una vivienda o una simple pared levantada hay un oficio que envejece y que no termina de encontrar relevo entre los jóvenes. De hecho, según datos recogidos por el sector, de los más de 1,5 millones de ocupados en la construcción, solo el 10,8% tiene menos de 30 años, mientras que un 22% supera los 55 años y podría jubilarse durante la próxima década.
En este sentido, el creador de contenido Adrián G. Martín muestra esta realidad en uno de sus vídeos, donde entrevista a varios trabajadores de una obra para conocer cómo es realmente el oficio de albañil. Entre ellos aparecen Pascual y Matías, que explican sin rodeos lo que supone dedicarse a la construcción y por qué cada vez cuesta más encontrar jóvenes dispuestos a aprender el oficio.
“Pasas frío, pasas calor, te duele la espalda”, resume uno de los trabajadores al hablar del día a día en la obra. El esfuerzo no está solo en colocar ladrillos o preparar cemento, sino en repetir durante horas movimientos que terminan pasando factura. En un momento del vídeo, Adrián pregunta cuántos sacos pueden mover en una jornada. La respuesta es clara: “50, 100 sacos”. Cada uno pesa “25 kilos”.
Matías recuerda que antes los sacos eran todavía más pesados. “Antes pesaban 50 kg”, explica, y añade que se limitaron porque “te reventabas la espalda con un saco”. Aunque la seguridad ha mejorado y algunos materiales se han adaptado, el trabajo sigue siendo físico y exigente. “Estás todo el día agachado levantando peso”, cuenta. Al llegar a casa, lo que más duele son “las rodillas y la espalda”.
Salarios que no compensan el desgaste físico
Uno de los puntos clave de la entrevista es el sueldo. Matías detalla cómo funcionan las categorías en la construcción. Se empieza como peón, se pasa a peón especializado, luego oficial de segunda, oficial de primera y, con experiencia, encargado de obra. Sin embargo, los salarios actuales distan mucho de los de hace años.
“Un peón puede estar entre 900 y 1.000 euros. Un oficial de segunda, entre 1.200 y 1.300, y un oficial de primera, con suerte, entre 1.500 y 1.600 euros. Un encargado puede llegar a 1.800”, señala. Para él, estas cifras no reflejan del todo el esfuerzo ni los riesgos del trabajo. “No estamos bien pagados”, afirma.
La comparación con otros oficios es inevitable. “Un mecánico te cobra 34 o 40 euros la hora”, explica, mientras que un albañil “más de veinte y pico de euros la hora no trabajas”. Por eso considera que el oficio debería pagarse mejor, sobre todo por el nivel de riesgo que asumen quienes trabajan en una obra.
También recuerda que antes había trabajadores que podían ganar mucho más, aunque no siempre por mejores condiciones, sino por jornadas largas y trabajos pagados por rendimiento. “La gente a lo mejor trabajaba 10 o 12 horas”, cuenta. En aquellos años, algunos embaldosadores o yeseros podían ganar cantidades muy altas si sacaban mucho trabajo en poco tiempo, pero el desgaste físico también era mayor. “Todos los yeseros al final, todos de la espalda hechos polvo”, resume.
Un oficio que ya no atrae a muchos jóvenes
La falta de relevo generacional es otro de los grandes problemas. “Los jóvenes españoles no quieren ser albañiles”, explica Matías durante la entrevista. Según cuenta, muchos prefieren otros empleos donde pueden ganar algo parecido sin soportar el mismo desgaste físico. “Dicen que tienen otros trabajos que pueden ganar igual o más y no se cansan ni la mitad”.
Para él, la construcción necesita gente con ganas de aprender, porque no basta con presentarse en una obra. Hace falta oficio, paciencia y tiempo para aprender de quienes ya saben. Matías recuerda que empezó desde abajo, como peón, observando a los oficiales y practicando cuando podía. “Cuando empecé a trabajar, estaba de peón”, cuenta.
El problema, sostiene, es que esa forma de entrar en el oficio se ha ido perdiendo. “Antes la gente entraba a aprender el oficio”, lamenta. Ahora, formar a alguien nuevo supone tiempo y también dinero para las empresas. “Te cuesta a lo mejor 700 euros cada seguro de cada persona y no te sale el rendimiento de una persona así”, explica.
“Es un trabajo peligroso si no tomas precauciones”
La obra también tiene riesgos. Cuando Adrián pregunta si es un trabajo peligroso, Matías no duda: “Sí, bastante peligroso, si no sabes lo que estás haciendo y si no tomas las precauciones adecuadas”.
Entre los principales peligros menciona los trabajos en altura, los andamios, las barandillas, las máquinas radiales, los compresores o los huecos mal protegidos. “Tienes que conocer el entorno en el que te mueves”, explica. Un despiste con una herramienta o una caída puede tener consecuencias graves.
Por eso insiste en que no es un trabajo que pueda hacer cualquiera sin experiencia. “Tú puedes coger una radial y que se te rompa un disco y que se dispare el disco y pegue a alguien”, avisa. Son detalles que, vistos desde fuera, pueden pasar desapercibidos, pero que forman parte de la rutina diaria en una obra.